LAS MUJERES DE LA SOKA SON EL SOL DEL KOSEN-RUFU QUE NUNCA DEJA DE BRILLAR

La llegada de la primavera, con su derroche de esperanza y de alegría para todos los seres, se debe a que el sol no deja de arder ni un solo día. 

Nichiren Daishonin escribe: «Cuando asoma el Sol en el cielo oriental, su intensa luz ilumina todo el firmamento sobre el gran continente meridional de Jambudvipa [es decir, el mundo entero]».[1]

De la misma manera, la Soka Gakkai rebosa de alegría porque la fe de nuestras compañeras del Departamento de Mujeres —el sol siempre radiante del kosen-rufu— arde invariablemente, con brillo incandescente en el corazón de nuestro movimiento.

En una época de persecuciones continuas, Nichiren Daishonin escribió a la esposa de Shijo Kingo, Nichigen-nyo, representante de todas las seguidoras que perseveraban con fe firme y constante: «Me pregunto si el buda Shakyamuni no habrá entrado en sus corazones… Es tan honda mi emoción, que apenas puedo contener las lágrimas».[2] Este pasaje también puede interpretarse como un aliento dirigido a las actuales mujeres de la Soka, de cuyo esfuerzo el Daishonin está plenamente consciente.

El sol se eleva cada día, aunque haya lluvia o nieve. Jamás abandona su lugar, brillando serenamente por detrás de las nubes. Junto con el sol, constante e invariable, también nosotros apretemos el paso, sin desviarnos del camino de nuestra misión. Nuestra fe en el budismo del sol de Nichiren Daishonin es lo que nos impulsa enérgicamente a lo largo de esa travesía.  

Llevamos una vida intensa y ajetreada… Cada uno de nuestros días es la suma de una apabullante lista de tareas y problemas que debemos atender y que a menudo parecen superarnos. Además, a medida que pasan los años nos vemos obligados a enfrentar los límites que nos imponen la edad y el deterioro de la salud. Como si no bastara con ello, vivimos en una sociedad continuamente agitada por los «ocho vientos»: prosperidad, decadencia, deshonra, honor, alabanza, censura, sufrimiento y placer.

Por eso, es tan importante nuestra fe, que nos permite ser sabios campeones de espíritu invencible. El Daishonin nos enseña: «Cuanto más firme es la fe, mayor es la protección de los dioses».[3] En otras palabras, la fe inquebrantable activa las funciones positivas del universo.

La monja laica de Ueno, madre de Nanjo Tokimitsu, tuvo que sobrellevar numerosos sinsabores; entre ellos, las muertes de su amado esposo y de su hijo menor, y los peligros de la persecución de Atsuhara. Pero en su corazón ardía una llama de esperanza encendida por el Daishonin, quien le aseguró: «[L]os que abrazan el Sutra del loto pueden revertir todo [este sufrimiento infernal]. El infierno pasa a ser la Tierra de la Luz Tranquila».[4] La Ley Mística puede iluminar incluso la penumbra más oscura.

Mi esposa Kaneko, en una oportunidad, envió un mensaje de aliento a una responsable del Departamento de Mujeres de Kansai que acababa de egresar del departamento de jóvenes: «Estoy orando para que forjes un compromiso mucho más fuerte aún, un compromiso que nunca cambie, ni siquiera ante las diferentes vueltas que tiene la vida». Esta líder del Departamento de Mujeres, como un brillante sol de nuestra Kansai Siempre Victoriosa, hasta el día de hoy sigue iluminando jubilosamente a muchas jóvenes y compañeras de la Soka. Nunca olvidó el juramento juvenil de dedicarse al kosen-rufu, sin vacilar ante ningún cambio de la vida. 

Mi maestro Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai, una vez dijo: «¡En un mundo de habladurías envidiosas y de caras mezquinas y despreciativas, miren las sonrisas de las jóvenes y mujeres de la Soka, miren sus rostros rebosantes de buena fortuna, y escuchen sus voces siempre vibrantes y bondadosas!».  

Nuestros encuentros de mujeres de la Soka Gakkai brillan como un faro de paz que proyecta alegría, armonía y felicidad a cada vecindario y a toda la sociedad.

En una carta a la monja laica Myoho, siempre dispuesta a aprender sinceramente sus enseñanzas, el Daishonin describe así el poder de recitar daimoku: «Por lo tanto, cuando entonamos una vez Myoho-renge-kyo,[5] con ese solo sonido suscitamos y manifestamos la naturaleza de Buda de todos los budas […] y de todos los demás seres vivos. Este beneficio es infinito e incalculable».[6]

Mientras hacemos que nuestra entonación de Nam-myoho-renge-kyo reverbere de manera incesante en el mundo, armémonos de valor y salgamos a dialogar con la gente para que el sol de la esperanza se eleve en el corazón de cada persona con la cual nos encontremos.

Las sonrisas benevolentes

de las madres del kosen-rufu

que han jurado nunca ser vencidas

hacen que el sol de la victoria y de la dicha

brille en el corazón de todos los seres.


(Traducción del artículo publicado en la edición de abril de 2017 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai)。

[1] Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio:Soka Gakkai, 2008, pág. 179.

[2] Ib., pág. 458. 

[3] END, pág. 644.

[4] Véase Ib., pág. 479.

[5] Myoho-renge-kyo se escribe con cinco ideogramas chinos, mientras que Nam-myoho-renge-kyo se escribe con siete (namu o nam se compone de dos caracteres). El Daishonin a menudo usa Nam-myoho-renge-kyo como sinónimo de Myoho-renge-kyo en sus escritos.

[6] END, pág. 929.