UNA INVENCIBLE CONVERGENCIA DEDICADA AL BIEN MAYOR

 

        Nichiren Daishonin declara: «Aunque los males sean muchos, no prevalecerán ante una sola gran verdad, del mismo modo que una sola lluvia torrencial basta para poner fin a muchos incendios voraces. Este principio también se aplica a Nichiren y a sus seguidores».[1] Este es un pasaje que grabé en lo más hondo de mi corazón mientras luchaba al lado de mi maestro Josei Toda, el segundo presidente de la Soka Gakkai, y junto con mis queridos camaradas del mundo.

        Un cónclave de personas unidas por su fe en la Ley Mística y con un compromiso colectivo hacia el kosen-rufu representa «una sola gran verdad» sin parangón, aunque su número sea pequeño. Por eso, no hay mal o adversidad que pueda ocasionar su derrota. Este fue el mensaje rotundo que el Daishonin expresó en medio de la persecución de Atsuhara.

        Atesorando sus palabras, los tres mártires y otros loables campesinos de Atsuhara, discípulos del Daishonin, rehusaron transigir en la fe y protagonizaron una colosal victoria del pueblo que brilla en la historia del budismo hasta el día de hoy. Podría decirse que con este acontecimiento se cumplió el propósito del advenimiento del Daishonin en este mundo.

        A nosotros, los maestros y discípulos de la Soka, se nos ha encomendado la labor de perpetuar y expandir la red de gran bien de la Ley Mística; abrir el camino del kosen-rufu mundial y «establecer la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra», el ideal postulado por el Daishonin.

        Por esa razón, sin falta encontraremos dificultades, pero estamos preparados y dispuestos a superar todos los retos y pruebas que se nos presenten.

        Hace sesenta años, en el verano de 1957, se produjo el incidente del Sindicato de Mineros Carboníferos de Yubari, seguido poco después del incidente de Osaka [en el cual fui detenido, acusado de un delito que no había cometido]. En ese período tempestuoso, la Soka Gakkai fortaleció aún más su unión en torno al liderazgo del señor Toda.

        Nuestros miembros, con gran motivación espiritual, participaron en una serie de actividades y movilizaciones que tuvieron lugar en esa época; entre ellos, la reunión inaugural del Departamento de Estudiantes (el 30 de junio); las marchas de Sapporo y de Yubari en Hokkaido (el 1.° y el 2 de julio, respectivamente), la marcha de Tokio (el 12 de julio) y la marcha de Osaka (el 17 de ese mismo mes). Enfrentaron sin temor los obstáculos que se cernían sobre nuestro movimiento.

        En la marcha de Tokio, realizada en el Estadio Deportivo Nacional de Kuramae [en el distrito municipal de Taito], frente a 40000 miembros congregados dentro y fuera del campo, el señor Toda respondió preguntas del público como si estuviera en una charla individual, uniendo así el corazón de todos.

        Les recordó que la Soka Gakkai había protegido y proclamado firmemente el espíritu del Daishonin durante la persecución de las autoridades en tiempos de guerra, y declaró: «Nichiren Daishonin determinó el surgimiento de la Soka Gakkai. Solo la fe que se practica en la Soka Gakkai concuerda con el espíritu del Daishonin; solo esta fe puede manifestar los verdaderos beneficios del Gohonzon. El budismo existe para vencer».

        El clamor del señor Toda, como un rugido de león, inspiró a los miembros a ponerse en acción. Entre ellos estaba mi esposa, Kaneko, quien el día de la marcha de Tokio, 12 de julio, festejaba su 16° aniversario de práctica budista.

        La marcha de Osaka tuvo lugar en el Centro Cívico de Nakanoshima, la tarde del 17 de julio, inmediatamente después de que yo recuperara la libertad. Proclamé ante los veinte mil miembros de Kansai y de otras áreas que se habían congregado en el recinto, camaradas con quienes compartí tanto alegrías como penurias, que la enseñanza budista correcta del Daishonin prevalecería sin falta.

        En esa contienda, sesenta años atrás, los miembros de la familia Soka mostraron su verdadero calibre.

        Primero, en ese momento crucial todos se pusieron de pie con valor, encarnando las palabras del Daishonin que dicen: «No vacile en lo más mínimo».[2]

        Segundo, hablaron decididamente con la gente para rectificar las falsedades, mostrando así que «la voz lleva a cabo la tarea del Buda».[3]

        Tercero, triunfaron sobre cada dificultad a través de una sólida unión, mostrando la verdad del principio expuesto por el Daishonin: «Cuando en el pueblo predomina la unión de distintas personas con un mismo propósito, estas podrán lograr todas sus metas».[4]

        Cada día, mi esposa y yo estamos entonando Nam-myoho-renge-kyo por la felicidad de nuestros inspiradores compañeros de fe, quienes, tanto ayer como hoy, siguen esforzándose a nuestro lado por cumplir este gran juramento desde el tiempo sin comienzo. También oramos para que su familia, sus seres queridos y sus amigos gocen de incalculable buena fortuna.

        ¡Trabajando juntos, en unión cada vez mayor, hagamos que resuene en el futuro ilimitado el himno triunfal de esta nueva era del kosen-rufu mundial! Recuerden: «Aunque los males sean muchos, no prevalecerán ante una sola gran [expresión del bien]».[5]

 

Nuestra Soka,

convergencia dedicada al bien mayor,

arremete sin temor

en la lucha conjunta

y en la victoria compartida.

 

 

        (Traducción del artículo publicado en la edición de julio de 2017 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

 

 

[1] Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 648.

[2] The Writings of Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2006, vol. 2, pág. 597.

[3] The Record of the Orally Transmitted Teachings (Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente), traducido por Burton Watson, Tokio: Soka Gakkai, 2004, pág. 4.

[4] END, pág. 648.

[5] Véase ib., pág. 618.