ESCALAR JUNTOS LA «CIMA DE LA PERFECTA ILUMINACIÓN»

 

          Han pasado setenta y dos años desde aquel tórrido día estival en que inicié mi práctica del budismo Nichiren y comencé a escalar la montaña del kosen-rufu, a partir de conocer a mi maestro Josei Toda.

          Mi mente se detiene a recordar los rostros radiantes de tantos camaradas que han luchado junto a mí y con quienes hemos compartido horas felices y aciagas, resistiendo codo a codo las tormentas de la adversidad.

          ¡Qué palabras de aliento hoy tendría Nichiren Daishonin para los encomiables miembros del grupo Muchos Tesoros, orgullo de la Soka Gakkai! No puedo menos que pensar en este conmovedor pasaje: «Si siente que me echa de menos, siempre mire en dirección al sol que se eleva [por la mañana] y a la luna que sale por la noche. A cualquier hora, me verá reflejado en el sol y en la luna. Y en la próxima vida, encontrémonos en la tierra pura del Pico del Águila».[1]

          La vida de estos venerables practicantes que han trabajado con total dedicación por el kosen-rufu, siempre recorrerá la excelsa travesía de la eternidad, felicidad, verdadera identidad y pureza junto con Nichiren Daishonin, y los lazos de maestro y discípulo que los unen se reflejarán en el espejo celestial del sol y de la luna…

          Esta cita pertenece a una carta que el Daishonin escribió a la monja laica de Ko, quien vivía en la isla de Sado junto a su esposo, el sacerdote laico de Ko. En otra carta a este matrimonio mayor, que veía el futuro con incertidumbre al no tener hijos de quienes depender, y ante la amenaza de una invasión mongola, el Daishonin les escribe: «Ningún lugar es seguro. Tengan la certeza de que la Budeidad es la morada final».[2]

          En el balance final de nuestra existencia, lo que importa no son ni los «tesoros de los cofres» (bienes materiales) ni los «tesoros del cuerpo» (salud, capacidades y posición social); lo único que realmente cuenta son los «tesoros del corazón» que hayamos acumulado.[3]

          Nadie puede escapar de las preocupaciones y las angustias que la vejez trae consigo. Pero los miembros del grupo Muchos Tesoros, que han elegido vivir basados en la Ley Mística y han dedicado largos años a la práctica altruista de los Bodhisattvas de la Tierra junto a la Soka Gakkai, corporifican el estado de vida de la Budeidad y ya están recorriendo el camino de la felicidad absoluta. Esta es la «morada final» indestructible de la cual habla el Daishonin. El ejemplo de su vida iluminada, de completa felicidad, es también el máximo «tesoro del corazón» que pueden legar a las futuras generaciones.

          El señor Toda quería elevar el estado de vida de toda la humanidad hasta su máxima expresión. Esto es, en última instancia, la clave para superar las aflicciones del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte.

          Nichiren Daishonin escribe: «[D]edíquese a entonar Nam-myoho-renge-kyo, mañana y tarde, día y noche, y observe lo que habrá de suceder en los últimos momentos de su vida. En ese instante, diríjase sin pérdida de tiempo a la cumbre de la perfecta iluminación y mire a su alrededor en todas las direcciones. Verá que el mundo fenoménico, en su totalidad, se transforma en la Tierra de la Luz Tranquila…».[4]

          En muchos países, la esperanza de vida está alcanzando edades muy avanzadas, sin precedentes históricos. Practicar la enseñanza correcta del budismo Nichiren durante toda la vida nos permite disfrutar de una satisfacción insuperable y ascender a la cumbre gloriosa y radiante de iluminación. Con espíritu renovado y brillante, sigamos transmitiendo a todas las personas del mundo este camino rebosante de esperanza.

 

Prosigamos

como budas

nuestra marcha conjunta

con una exclamación de vida y de triunfo

que convierta las penurias en beneficios.

 

 

          (Traducción del artículo publicado en la edición de agosto de 2019 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

 

 

[1] Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 625.

[2] Ib., pág. 514.

[3] Véase END, pág. 892.

[4] END, pág. 885.