VIVIR TRIUNFALMENTE, COMO PALADINES DEL OPTIMISMO Y DE LA FORTALEZA

En las épocas en que los negocios de mi maestro Toda parecían sufrir un revés tras otro, a mí me daba inspiración y aliento la historia de Sudatta, que Nichiren Daishonin cuenta en uno de sus escritos (titulado El próspero Sudatta). El Daishonin le transmitió esta historia sobre un asombroso giro de la fortuna a su joven discípulo Nanjo Tokimitsu, quien en ese momento luchaba por defender a su maestro, mientras ofrecía refugio a sus camaradas en peligro durante la persecución de Atsuhara.

Sudatta era un hombre de dinero, que había caído en la pobreza nada menos que siete veces, y en las siete ocasiones había podido reconstruir su fortuna. En el último período de adversidad, perdió todo lo que tenía, y la única persona que no lo abandonó fue su esposa. Y sin embargo, pese a lo extremo de sus circunstancias, ambos dieron generosamente a Shakyamuni y a sus discípulos la última ración de comida que les quedaba. En respuesta a su devoción sincera y resuelta, la situación del matrimonio cambió de manera drástica. A partir de ese día, Sudatta y su esposa fueron las personas más ricas de toda la India y, tiempo después, construyeron el Monasterio de Jetavana, que donaron al Buda y a sus seguidores.[1]

La fe inquebrantable es la usina suprema de fuerza que nos permite levantarnos y volver a empezar, cuantas veces las circunstancias nos hagan caer.

La vida puede ponernos por delante un sinfín de odiseas y de sufrimientos que, por momentos, nos parecen difíciles de soportar. Podemos tener problemas de dinero, de trabajo, de relaciones humanas y familiares, de salud y, también, relacionados con calamidades naturales. Pero son esos momentos, precisamente, los que sirven para poner a prueba nuestra fe. Es entonces cuando debemos entonar Nam-myoho-renge-kyo siguiendo la exhortación del Daishonin a «fortalecer más que nunca el poder de nuestra fe»,[2] y a enfrentar cada obstáculo con espíritu invencible.

La Ley Mística es una fuente de revitalización, y la práctica del budismo nos permite lograr la victoria absoluta. Por tal razón, sin falta habremos de encontrar una salida.

Cuando nos esforzamos al máximo por propagar la Ley Mística y trabajar por la felicidad de los demás, basados en nuestro gran juramento de lograr el kosen-rufu, acumulamos incalculables tesoros del corazón y cultivamos un estado de vida que puede superar incluso nuestras expectativas más fantasiosas.

El señor Toda una vez alentó cálidamente a unos miembros que estaban librando batalla contra innumerables problemas: «Aunque hoy estén sufriendo, todos ustedes son Bodhisattvas de la Tierra. Muestren la grandeza de la Ley Mística valiéndose de la saga emocionante de su vida. Llegará un punto en que habrán convertido el veneno en remedio y podrán mirar su pasado con una sonrisa».

Las experiencias de nuestros miembros que aparecen en las publicaciones de la Soka Gakkai son el canto triunfal de una vida intrépida e inspiradora.

Recuerdo a un miembro del Departamento de Hombres en Hokkaido que, a pesar de ser intimidado y hostigado en su empleo a causa de la fe budista, decidió trabajar sostenidamente para merecer la confianza de sus colegas. Asimismo, superó una grave dolencia cardíaca y la pérdida repentina de un hijo adolescente. Tanto él como su esposa siguieron esforzándose por el kosen-rufu con gran energía, jurando con orgullo vivir hasta el final de su existencia como miembros de Gakkai, sin detenerse ante ninguna circunstancia adversa. Muchos jóvenes de Hokkaido —un castillo de maestro y discípulo unido a los tres presidentes fundadores por profundos lazos— hoy continúan el legado que han recibido de estos dos nobles pioneros.

Los miembros de la SGI, unidos por los lazos de maestro y discípulo, no nos dejamos apabullar por la avalancha de obstáculos y adversidades cuya aparición anticipó el Daishonin. Pues llevamos grabado en lo profundo del corazón el pasaje de La apertura de los ojos que él escribió en medio de una persecución contra su vida:

Aunque mis discípulos y yo encontremos toda clase de dificultades, si no albergamos dudas en nuestro corazón manifestaremos la Budeidad en forma natural. No duden tan sólo porque el cielo no les brinde su protección; no se desalienten tan sólo porque en esta existencia su vida no sea cómoda y segura. […] Cuando llega el momento crucial, los necios tienden a olvidar sus promesas.[3]

Porque no olvidamos nuestras promesas «cuando llega el momento crucial», podemos dar prueba real de nuestra práctica budista y «manifestar la Budeidad en forma natural». Este es el reino del «buda Soka Gakkai».

En el próximo año, 2017, ¡sigamos viviendo triunfalmente, como paladines del optimismo y de la fortaleza!

La Soka

es una red

de vidas invencibles.

Avancemos con audacia

y logremos victorias cada vez más inmensas.


(Traducción del artículo publicado en la edición de diciembre de 2016 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

[1] Véase Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 1132 y sigs.

[2] Véase ib., pág. 715.

[3] END, pág. 300.