LA JUVENTUD ES VIVIR COLMADOS DE NUEVAS DETERMINACIONES

¿Cuál es la característica que distingue a los jóvenes?

          Ser joven no es cuestión de edad cronológica. Creo que, desde la perspectiva de la fe, todas las personas que, en este momento, rebosan de nuevas determinaciones son jóvenes campeones de la Ley Mística.

          Lo que cuenta no es la situación que tenían el año pasado, o incluso ayer, sino cómo habrán de desafiarse, avanzar y triunfar a partir de este año, y a partir de hoy. Este es el espíritu del budismo de la verdadera causa.[1]

          Reafirmando el principio de que todo comienza a partir de ahora, comencemos cada día con espíritu flamante y renovado. Esta es la clave para lograr el triunfo en el «Año del desarrollo de los jóvenes», mediante el esfuerzo unido de toda la familia Soka.

          Por ende, volvamos a las bases y confirmemos un punto crucial: la importancia de hacer un gongyo refrescante y enérgico, que genere una potente vitalidad.

          El gongyo, que realizamos todas las mañanas y las tardes, es una ceremonia de profunda solemnidad. Dondequiera que hacemos el gongyo, cada vez que recitamos la liturgia, nuestra vida irradia de inmediato la luz del sol del tiempo sin comienzo; es decir, la luz de nuestra Budeidad innata.

          En la parte en verso del capítulo «Duración de la vida» (16.o) del Sutra del loto, que recitamos durante el gongyo, se encuentra esta frase:

[Cuando los seres albergan]

el único pensamiento puro y sincero de ver al Buda

sin vacilar aunque ello les costara la vida,

entonces yo y la asamblea [de seguidores]

aparecemos juntos sobre el sagrado Pico del Águila.[2]

          Esta profunda enseñanza nos dice que cuando los seres fervientemente ansían ver al Buda y se dedican a propagar la Ley Mística sin escatimar la vida, el Buda y sus incontables discípulos aparecen juntos en el Pico del Águila.

          En relación con este pasaje, el presidente Josei Toda decía a menudo: «El gran estado de vida corporificado por Nichiren Daishonin colma nuestro ser. El lugar donde entonamos Nam-myoho-renge-kyo por la felicidad de nosotros y de los demás se convierte en el Pico del Águila, un ámbito donde no existen los infortunios ni el sufrimiento».

          Además, durante el gongyo los miembros de la SGI oran con el juramento de lograr el kosen-rufu mundial. Eso los vuelve fuertes y nobles.

          Incluso en el hogar más pequeño y humilde, cuando recitamos el Sutra del loto y entonamos Nam-myoho-renge-kyo, hacemos que se despliegue la inmensa asamblea del Pico del Águila. Nos fusionamos con los budas y bodhisattvas de las tres existencias del pasado, presente y futuro, y nuestra vida se expande infinitamente para abarcar la totalidad del universo.

          Nichiren Daishonin escribe: «No hay lugar en los mundos de las diez direcciones al que no llegue el sonido del daimoku [la recitación de Nam-myoho-renge-kyo]».[3]

          Porque vivimos en una época de crecientes divisiones y enfrentamientos, es menester que el vibrante sonido del daimoku reverbere con mayor potencia e ilumine a nuestras familias, a nuestros seres queridos y amigos; que se extienda a nuestras comunidades y a todas las tierras del mundo, con la luz esperanzadora de la renovación, la armonía y la paz.

          Hace treinta años (en 1987), en una reunión en la prefectura de Fukuoka, Japón, un miembro del Departamento de Hombres invitó a los participantes a hacer tres hurras. Junto a su esposa, armado de una fe invencible triunfó sobre toda clase de obstáculos; entre ellos, el ostracismo al que lo sometió su pequeño pueblo hostil a la Soka Gakkai, una grave enfermedad y daños importantes a su vivienda causados por una inundación. Este señor alentó a los miembros del Departamento de Jóvenes diciéndoles: «El daimoku que entonan los Bodhisattvas de la Tierra no es temeroso ni tibio. ¡Despertemos la naturaleza de Buda de todas las personas mediante una oración enfocada que nos llene de valor y de fortaleza!». 

          En una carta a un discípulo [llamado Yasaburo] que luchaba contra la adversidad, el Daishonin escribe: «Ore intensamente para que Shakyamuni, Muchos Tesoros y los budas de las diez direcciones se reúnan y se valgan de su cuerpo para ayudarlo».[4] Aquí nos enseña una importante clave para la victoria.

          Hoy mismo, tomando el gongyo como punto de partida, volvamos a ponernos en marcha con determinación renovada. ¡Avancemos con bravura y espíritu victorioso, con un daimoku juvenil como el rugido de un león, que provoque la aparición de jóvenes Bodhisattvas de la Tierra en multitudes incalculables!

Compartir el mismo juramento

que vuelve indivisibles al discípulo y el mentor…

¡Con esta convicción, logremos victoria tras victoria!

Nada es tan poderoso

como nuestra oración por el kosen-rufu.


          (Traducción del artículo publicado en la edición de enero de 2017 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

 

[1] Verdadera causa: También conocido como “principio místico de la verdadera causa”. El budismo de Nichiren Daishonin expone directamente que la verdadera causa de la iluminación es Nam-myoho-renge-kyo, la Ley de la vida y del universo. Enseña una modalidad de práctica budista que consiste en avanzar siempre hacia adelante, tomando como punto de partida el instante actual, basándonos en esa Ley fundamental.

[2] En japonés, se lee: Isshin yokken butsu. Fu ji shaku shinmyo. Ji ga gyu shuso. Ku shutsu ryojusen. Véase El Sutra del loto, Tokio: Soka Gakkai, 2014, cap. 16, pág. 228.

[3] Del «Oko Kikigaki» (Disertaciones registradas), no incluido en los dos volúmenes de The Writings of Nichiren Daishonin ni en Los escritos de Nichiren Daishonin en español. Véase Gosho Zenshu, pág. 808.

[4] Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 870.