LOS GRUPOS SON NÚCLEOS GENERADORES DONDE SE EXPANDE LA FELICIDAD

Sin la tierra, nada puede crecer. En nuestro movimiento Soka, los grupos y los distritos son la tierra que promueve la germinación y la proliferación de las bellas “flores humanas” que llamamos Bodhisattvas de la Tierra.

El suelo fértil de nuestros grupos y distritos es una fuente inagotable de nutrición espiritual para lograr la Budeidad en esta existencia. El sol del aliento que brilla generosamente en ellos puede entibiar y revivir hasta los corazones más helados.

Como en todo el Japón y en el mundo hemos creado estos reinos de esperanza, en cada lugar se generan incontables sagas de felicidad que prueban que “el invierno siempre se convierte en primavera”.[1]

            Quiero expresar mi profundo respeto y todo mi agradecimiento a los admirables líderes que se esfuerzan en la primera línea de nuestra organización; especialmente, a los responsables de grupo y de distrito de los departamentos de hombres y mujeres.

En uno de sus escritos, el Daishonin observa: “Todos mis discípulos y seguidores deben leer y escuchar esta carta. Los que tengan una seria determinación deberán reunirse a debatir sobre ella”.[2] Los miembros de una misma localidad, que se conocen bien unos a otros, se encuentran regularmente a dialogar y a estudiar los escritos del Daishonin. Nuestros grupos y distritos, en cada lugar, están avanzando basados en esta clase de unión de “distintas personas con un mismo propósito”, tal como deseó el Daishonin.

En la época de Nichiren Daishonin, había muchos matrimonios que practicaban juntos; entre ellos, Toki Jonin y la monja laica Toki, Shijo Kingo y Nichigen-nyo, y Abutsu-bo y la monja laica Sennichi. Todos ellos apoyaban a sus compañeros de fe y promovían el kosen-rufu en su pueblo o región. En este sentido, podemos decir que eran el equivalente a nuestros actuales responsables de grupo y de distrito.

            Por eso, en la famosa Campaña de Febrero[3] de 1952, me centré en las “unidades”—lo que hoy llamamos “grupos”—, en mi afán de generar un nuevo oleaje de expansión. 

El Sutra del loto asegura: «Si hay personas que escuchan la Ley, ni una sola dejará de lograr la iluminación».[4]

Es en nuestros grupos y distritos donde procuramos cumplir este juramento del Buda: permitir a todos lograr la Budeidad sin excepción. Con nuestra atención dirigida a cada participante y nuestro cálido aliento, los ayudamos a vencer las funciones negativas que surgen y a dar prueba real de su revolución humana.

El Daishonin valoraba a cada persona con quien entablaba una relación, por pequeña que fuese, diciendo, por ejemplo: «[P]ase lo que pase en el futuro, tengan la certeza de que yo jamás los abandonaré ni los expondré».[5]

Los líderes que se preocupan por los miembros que no pueden asistir regularmente a las actividades por diversas razones, que los visitan y conversan con ellos para ver cómo están sus cosas, asumen la conducta de Nichiren Daishonin, el Buda del Último Día de la Ley. A través de esos esfuerzos, también están contribuyendo a crear una sociedad donde no se abandona ni se excluye a nadie, el compromiso que subyace a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

Mi maestro Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai, declaró: “Las dificultades nos dan una oportunidad de acumular inmensa buena fortuna y grandes beneficios. ¡Así que alentémonos unos a otros y triunfemos con fortaleza y optimismo!”.

Durante la campaña de Osaka[6] de 1956, una miembro del Departamento de Mujeres llevó consigo a sus dos hijos pequeños a una reunión de gongyo que se llevó a cabo en la sede central de la Soka Gakkai. Se sentó en la última fila para que los niños no molestaran a nadie. Su esposo no tenía trabajo y ella, además, debía cuidar a su suegra postrada. Pese a sus muchas dificultades personales, esta miembro siempre trató de ser un sol brillante en su distrito. Una vez, dijo: “Aunque me mueva a paso de tortuga, quiero triunfar junto a otras personas que también se están esforzando, para que todos obtengamos los beneficios de esta práctica budista”. Tal como deseó y juró, logró la felicidad y la victoria en su vida, y también ayudó a muchas otras personas a hacer lo mismo. Hoy, sus hijos están siguiendo sus pasos por el camino de la fe, como personas triunfadoras en sus respectivos campos de actividad, siendo uno de ellos profesor universitario.

En el suelo fértil de cada localidad, los ámbitos del kosen-rufu que nos encomendó el Daishonin, sin falta surgirán Bodhisattvas de la Tierra de gran capacidad. Y allí se multiplicarán, en profusión cada vez mayor, las flores de la amistad y los frutos de la transmisión budista a nuevas personas.

¡Escribamos una nueva historia de expansión de la felicidad partiendo de cada localidad!

En los grupos,

oasis de felicidad

donde se reúnen los amigos eternos,

¡hagan florecer su potencial único

como las flores de cerezo, ciruelo, duraznero y damasco!


(Traducción del artículo publicado en la edición de febrero de 2017 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

[1] Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 560.

[2] END, pág. 472.

[3] Campaña de Febrero: En febrero de 1952, el joven Daisaku Ikeda, quien por entonces era asesor del área Kamata, en Tokio, inició una dinámica campaña de propagación. Junto a los miembros de Kamata, batió las marcas preexistentes de propagación, que eran de unos cien ingresos mensuales, y logró que doscientas una nuevas familias se sumaran a la Soka Gakkai y a la práctica del budismo de Nichiren Daishonin.

[4] El Sutra del loto, Tokio: Soka Gakkai, 2014, cap. 2, pág. 40.

[5] END, pág. 938.

[6] Campaña de Osaka: En mayo de 1956, los miembros de Kansai, unidos en torno al joven Daisaku Ikeda, quien había sido enviado a ese lugar por el presidente Toda para servirles de apoyo, lograron el ingreso de 11 111 nuevas familias a la Soka Gakkai, como practicantes del budismo de Nichiren Daishonin.