Editorial

El radiante florecimiento de la amistad y la confianza

Que la existencia de cada uno

quede engalanada

con victorias tan radiantes

como un sol de primavera.

El rector de la Universidad Estatal de Moscú y un querido amigo mío, Victor Sadovnichy, dijo una vez: “La conversación es muy importante. Los nuevos descubrimientos surgen invariablemente de dicho intercambio”.[1]

Tal como el sol primaveral infunde nueva vida a la tierra helada, el diálogo vibrante, de persona a persona, llena el corazón con energía renovada y cultiva el lazo de confianza mutua.

En el tratado de Nichiren Daishonin Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, el huésped, que se lamenta ante las numerosas calamidades y desastres naturales que se abaten sobre el país, dice con profundo pesar: “Sin duda, tanto el gobernante como los súbditos buscan la paz del mundo y la estabilidad de la nación […] [S]i usted conoce algún medio para prevenir los desastres y poner fin a los problemas, me gustaría que lo expusiese”.[2]

¿Qué podemos hacer para superar los sufrimientos y las desgracias que afligen nuestro mundo, y para abrir una senda hacia la paz y la felicidad de todas las personas? En la medida en que un individuo sea capaz de reflexionar y de preocuparse, sentirá el impulso de buscar una respuesta a esa pregunta. Mediante nuestros esfuerzos por llegar a otros a través del diálogo con el objetivo de crear un mundo pacífico y próspero, y mediante nuestra determinación de construir un círculo cada vez más amplio de amistad, podremos encontrar codo a codo un camino de esperanza hacia el avance, y juntos, extraer la sabiduría y la fuerza para superar toda adversidad u obstáculo.

Durante su exilio en la isla de Sado, el Daishonin le escribió una carta de aliento a Shijo Kingo, quien estaba lidiando con los graves problemas: “Hasta un desconocido es capaz de ofrecer la vida por nosotros cuando le abrimos sinceramente nuestro corazón”.[3] Cuando conversamos francamente con otra persona, desde lo profundo del corazón, y afianzamos una genuina confianza recíproca, podemos forjar lazos tan fuertes, que cada uno de nosotros se sentiría dispuesto a dedicar su vida para ayudar al otro.

Incluso cuando debió hacer frente a las más duras persecuciones, el Daishonin fue capaz de transformar a sus oponentes en aliados. Con seguidores tan leales como Abutsu-bo y la monja laica Sennichi, él forjó vínculos de mentor y discípulo que trascendieron incluso la muerte.

Todo ser humano tiene el potencial de lograr cambios positivos. Porque creemos en la naturaleza de Buda de cada persona, no prejuzgamos a otros ni los hacemos a un lado. No vacilamos en acercarnos a los demás y lo hacemos sin recelo. Oramos por su felicidad, depositamos en ellas nuestra fe, les hablamos y los ayudamos a formar una conexión con el budismo.

Durante la Guerra Fría, enarbolando el estandarte de la paz, la cultura, la educación y el humanismo, tomé la iniciativa de viajar a la Unión Soviética comunista para intercambiar allí personalmente con sus líderes y con los ciudadanos comunes (en setiembre de 1974). Lo hice con la plena conciencia de que mi decisión habría de provocar oposición y críticas tanto dentro como fuera de la organización.

Sin embargo ahora, cuatro décadas después, hay muchos miembros de la SGI no solo en Rusia, sino en un total de ciento noventa y dos países, que se dedican a establecer el diálogo con quienes los rodean.

Recuerdo las palabras de mi mentor y segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, quien fue un maestro del arte del diálogo:

 

Cuando ayudamos a alguien a establecer una conexión con el budismo, esa persona cambiará de manera positiva, sin falta, gracias al poder de la Ley mística. Ver cómo se produce esa transformación es una de las más dulces recompensas de nuestra práctica budista. La entonación de Nam-myoho-rengue-kyo y nuestra voz cuando hablamos resonarán en la vida de la otra persona como fuertes ondas de radio. ¡Para llevar a cabo esa tarea, la clave es el coraje!

 

Una apreciada miembro, pionera del Departamento de Mujeres del distrito de Hodogaya, prefectura de Kanagawa, luchó junto conmigo durante los primeros años de nuestro movimiento y efectuó grandes contribuciones al Kosen-rufu. Nunca olvidaré que ella y su esposo solían ir a la estación de Yokohama para despedirme, cada vez que yo tomaba el tren desde allí hasta Kansai, para asistir a una nueva sesión del juicio relacionado con el incidente de Osaka.[4]

Esta integrante ardía con el espíritu de la Soka Gakkai de triunfar sobre las funciones negativas que trataban de obstruir el progreso del Kosen-rufu. Ella, entonces una joven esposa y madre, entabló una amistad estrecha con sus vecinos y, más adelante, desempeñó un papel muy activo en la asociación vecinal de su zona y pudo granjearse la confianza y el respeto de muchas personas dentro de su comunidad.

Ahora sigue dedicándose enérgicamente al Kosen-rufu, colocando el nombre de sus amigos ante el Gohonzon, entonando el daimoku por la felicidad de ellos y dialogando con todos acerca de los ideales y principios del budismo de Nichiren Daishonin. En el Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente, el Daishonin establece: “[El Sutra del loto describe cómo] uno danza de alegría cuando llega a comprender que los elementos del cuerpo y de la mente son la Ley Maravillosa”.[5] Cuando despertamos a la realidad de que nuestra vida es la Ley mística, no solo se colma nuestra existencia de una inmensa alegría sin fin, sino que fluyen ilimitadamente de nuestro interior las palabras de aliento e inspiración a los demás.

El Sol derrama su luz generosa e ininterrumpidamente. ¡Seamos así de generosos al emplear la voz para iluminar el corazón de nuestras amistades! Recuerden: la voz lleva a cabo la tarea del Buda.

Cada diálogo

emprendido

en bien del Kosen-rufu

abren en nuestra vida,

flores de buena fortuna

en fragante profusión.

          (Publicado en la edición de abril de 2012 de Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai.)

 

 


[1] Ikeda, Daisaku y Sadovnichy Victor A.: Atarashiki Jinrui o, Atarashiki Sekai o—Kyoiku to Shakai o Kataru (Una nueva humanidad, un nuevo mundo – Discurso sobre la educación y la sociedad), Tokio: Ushio Shuppansha, 2002, pág. 124.

[2] Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 19.

[3] END, pág. 466.

[4] Incidente de Osaka: El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, quien era en ese entonces responsable del grupo directivo de la División de Jóvenes, fue arrestado el 3 de julio de 1957 y acusado injustamente de violar la ley electoral en las elecciones de renovación parcial de la Cámara de Senadores (Cámara Alta) de Osaka. A ello siguió un juicio que duró casi cinco años, al cabo de los cuales el señor Ikeda fue exonerado de todos los cargos.

[5] The Record of the Orally Transmitted Teachings (Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente), traducido por Burton Watson, Tokio: Soka Gakkai, 1996, pág. 45.