Editorial

La jubilosa primavera del Grupo Ikeda Kayo-kai

El Departamento de Mujeres Jóvenes,

un reino de alegría

sembrado de victorias,

rebosa del torrente de beneficios

que fluyen de su noble misión.

Ralph Waldo Emerson (1803-1882), filósofo del Renacimiento Norteamericano, dijo: “¿Qué es la civilización? Yo contesto: el poder de las buenas mujeres”.[1] La luz de la civilización, de la cultura, resplandece allí donde las voces de las mujeres resuenan llenas de regocijo, en los ámbitos donde ellas pueden emplear libremente su sabiduría y creatividad.

En tal sentido, el extraordinario empeño de las jóvenes miembros del Grupo Ikeda Kayo-kai implica en verdad una enorme esperanza. Nada supera el maravilloso sentimiento y la enorme inspiración que nos produce a mi esposa y a mí ver hoy a nuestras jóvenes miembros, en el Japón y en el resto del globo, esforzarse con gran alegría para expandir su red de paz y de felicidad.

En Nueva Zelanda, que se vio sacudida por un violento terremoto [en la ciudad de Christchurch] en febrero de 2011, las sinceras oraciones y la firme acción de las miembros del Departamento de Mujeres Jóvenes (DMJ) están brindando gran aliento y valor a todos a su alrededor, tal como lo hicieron nuestras jóvenes de la región de Tohoku, Japón, luego del sismo y del tsunami que se abatieron sobre la región en marzo de 2011. El 18 de noviembre del año pasado, Día de la Fundación de la Soka Gakkai, se llevó a cabo la primera cumbre del DMJ de la región de Oceanía, en el Parlamento de Nueva Zelanda situado en la capital, Wellington, un evento que logró elevar el espíritu de todos los presentes e infundirles gran coraje.

En 2010, el DMJ de Chile, un país que también sufrió los embates de un terremoto ese mismo año, amplió enormemente el número de sus miembros y duplicó incluso la cantidad de integrantes del Grupo Resplandor (el conjunto del departamento que trabaja diligentemente detrás de la escena) y de la Banda de Pífanos y Percusión.

“¡Hagan del estudio su cimiento!”: tal es la guía eterna del DMJ. Las mujeres que guardan el límpido espejo del budismo de Nichiren Daishonin en su corazón jamás sucumben a los vaivenes de la época ni son derrotadas por la adversidad. Al reunirse con sus compañeras a estudiar el budismo del Daishonin, nuestras jóvenes están empleando su tiempo de la manera más sabia y productiva.

En El logro de la Budeidad en esta existencia, uno de los treinta escritos de Nichiren Daishonin recomendados al DMJ del Japón para su estudio, el Daishonin declara que, cuando entonamos Nam-myoho-renge-kyo, debemos hacer surgir la convicción profunda de que Nam-myoho-renge-kyo, o Ley mística, es nuestra propia vida.[2] Cada miembro del DMJ es un buda noble y admirable, una entidad de la Ley mística. Por lo tanto, no deben inquietarse ni cuestionarse de su propia valía al compararse de manera negativa con los demás. Desde luego, habrá momentos en que las cosas no resultarán como se habría esperado o en que tal vez tambalee la confianza que tienen en sí mismas. No obstante, las jóvenes que basan su vida en la Ley mística, que tiene el poder de “cambiar el veneno en medicina”, son capaces de transformar cualquier sufrimiento en alegría.

Mi mentor Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai, solía decir: “Todos tenemos problemas o preocupaciones de alguna naturaleza. Debemos transformar las dificultades en oportunidades para entonar el daimoku, el medio más esencial mediante el cual cualquier persona puede orientar su vida hacia la dirección del bien y de la felicidad. Entonar el daimoku conduce a la victoria”.

Cuando una joven que posee una fe sólida en el budismo del Daishonin se pone de pie con ánimo espléndido para luchar por el Kosen-rufu, puede transmitir una esperanza renovada y energía positiva a sus familiares, sus compañeros de trabajo y a la comunidad toda. Hace sesenta años (en 1952), durante la Campaña de Febrero[3] del cabildo Kamata, mi esposa también realizó arduos esfuerzos como líder de grupo del DMJ, en apoyo de su madre, que era entonces responsable de distrito general del Departamento de Mujeres. Mi esposa no solo hablaba con ardoroso entusiasmo con sus amistades sobre el budismo del Daishonin, sino que incluso una vez invitó a uno de los jefes de su trabajo a participar de una reunión de diálogo que se realizó en su casa. Ella siempre saludaba a todos los presentes con una brillante sonrisa, en especial, a las madres que acudían con sus hijos, con lo cual dejó, junto a otras personas, maravillosos recuerdos de la calidez y la simpatía de la familia Soka.

Lo más importante es el valiente primer paso. Lo fundamental es comenzar a partir de lo que podemos hacer en este preciso momento, en nuestro entorno inmediato, venciéndonos a nosotros mismos sin decaer, día tras día. De ese modo, extraeremos el poder infinito del buda, que ninguna tribulación o adversidad puede impedir o detener. A través de tales esfuerzos incansables, vamos construyendo las bases de una felicidad imperecedera. Espero que esa sea la manera en que todas las jóvenes del Ikeda Kayo-kai vivan sus años de juventud.

El Daishonin afirma: “Alegría significa que tanto uno como los semejantes se regocijan juntos en la posesión de la sabiduría y del amor compasivo”.[4] ¡Jóvenes mujeres de la Soka, basadas en esta prodigiosa y exultante filosofía, bríndense mutuo aliento y sostén a medida que continúan acumulando “tesoros del corazón” para una primavera plena de victorias!

¡Dancen pródigas

en su glorioso escenario,

desbordantes de esperanza y optimismo!

Las contemplo y sostengo

con mi oración y mis mejores deseos.

(Publicado en la edición de febrero de 2012 de Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai.)


[1] Emerson, Ralph Waldo:“Woman,” The Complete Works of Ralph Waldo Emerson (“Mujer” en Obras completas de Ralph Waldo Emerson), Houghton Mifflin Company, Boston: 1906, vol. 11, pág. 409.

[2] Véase Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 3.

[3] Campaña de Febrero: En febrero de 1952, el presidente Ikeda, quien por entonces era consejero del cabildo Kamata, en Tokio, inició una dinámica campaña de propagación. Junto a los miembros de Kamata, batió las marcas preexistentes de propagación, que eran de unos cien ingresos mensuales, y logró que doscientas una nuevas familias se sumaran a la Soka Gakkai y a la práctica del budismo de Nichiren Daishonin.

[4] The Record of the Orally Transmitted Teachings (Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente), traducido por Burton Watson, Tokio: Soka Gakkai, 1996, pág. 146.