Diciembre 2011

Al entonar Nam-myoho-rengue-kyo, cantamos la victoria de la vida

 

¡No permitan ser derrotados!

Con mayor empeño erijan

un palacio de dicha,

ustedes, adalides del Kosen-rufu,

que fulguran de sabiduría y buena fortuna.

 

¿Qué es lo que define nuestra naturaleza humana? De acuerdo con la declaración del notable escritor y diplomático tailandés Luang Wichit Wathakan (1898-1962), es “luchar contra las penalidades que impone la vida y enfrentar las tribulaciones con coraje”.[1]

Ante la persistencia de las severas inundaciones que siguen afectando Bangkok y áreas adyacentes, nuestros nobles compañeros miembros de la SGI de Tailandia han asumido valerosamente el liderazgo en la vanguardia de las actividades de asistencia y han puesto a disposición sus centros de la SGI como base para coordinar las acciones destinadas a contribuir al bien de sus respectivas comunidades.

Este año, que se ha visto signado tanto por desastres naturales a gran escala como por largos períodos de dificultades económicas, la red humanística de la SGI ha resplandecido con luz invencible.

Durante la época turbulenta que siguió a la segunda guerra mundial, entoné daimoku y me esforcé incansablemente para solucionar los problemas que mi mentor, Josei Toda, estaba enfrentando en sus negocios. Gracias a esa etapa de mi lucha juvenil, hoy puedo apreciar los tremendos esfuerzos de nuestros miembros que se desafían frente a los grandes retos en su trabajo y en su vida cotidiana.

Nichiren Daishonin escribe: “Estoy orando para que el Sutra del loto y las diez demonios los protejan a todos, aunque vengan tiempos turbulentos para nosotros”.[2] Mi esposa y yo estamos orando con gran determinación para que, sin falta, todos nuestros miembros estén absolutamente protegidos.

Ante las penurias que pudieran presentarse en nuestro camino, nosotros, como practicantes del budismo del Daishonin, poseemos el poder de la Ley mística, el poder del daimoku o entonación de Nam-myoho-rengue-kyo. Tal como lo declara el Daishonin: “Nam-myoho-rengue-kyo es como el rugido de un león. Por lo tanto, ¿qué enfermedad puede ser un obstáculo? […] el alma de Nichiren no es otra cosa que Nam-myoho-rengue-kyo”.[3]

Podemos depositar la más absoluta confianza en lo que nos asegura el Buda del Último Día de la Ley. Por lo tanto, sean cuales fueren los problemas que deban afrontar en la vida, siempre lo más importante es entonar primero Nam-myoho-rengue-kyo.

Ese es el son que despierta el estado de vida de la Budeidad en nuestro interior, la conciencia de que “¡soy una entidad de la Ley mística!”. Es el rugido del indomable león capaz de vencer los diversos sufrimientos del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte.

El señor Toda decía: “Tenemos que atacar los sufrimientos con el fuego concentrado de nuestro daimoku y atravesarlos. Aunque orar con perseverancia para superar una situación difícil nos parezca un trayecto largo y arduo, es en realidad el camino más directo y seguro para lograrlo”. Sobre todo, nada es más poderoso que el daimoku de quienes se esfuerzan por el Kosen-rufu con la misma devoción que su mentor.

En una carta que envió a su fiel seguidor Shijo Kingo, quien se encontraba luchando contra los poderosos enemigos, el Daishonin escribió: “Si los dos cayéramos juntos [en el infierno], encontraríamos al buda Shakyamuni y al Sutra del loto en ese lugar”.[4] Aunque nos veamos en la más terrible de las circunstancias, si estamos unidos a nuestro mentor desde lo profundo del corazón, el sol se levantará justo allí, y toda tristeza, todo oscuro pesar se disiparán, y el lugar en que nos encontremos se transformará en la Tierra de la Luz Tranquila, ámbito de la Budeidad.

Siempre enarbolando el espíritu de Nichiren Daishonin, los tres primeros presidentes de la Soka Gakkai –el señor Makiguchi, el señor Toda y yo mismo– nos negamos a ser derrotados por la naturaleza diabólica del poder que ejercían las autoridades.

Nuestros valientes miembros, paladines de la Soka, consagrados heroicamente a la propagación y a la entonación de la Ley mística, han demostrado también de manera elocuente que son capaces de conquistar y de superar cualquier obstáculo.

Hace poco, recibí noticias de una integrante del Departamento de Mujeres que formó parte del gran contingente de miembros de Shikoku que viajó en el transbordador Sunflower 7 para visitarme en Kanagawa, en enero de 1980.[5] En el informe describe que aquella miembro dijo con una gran sonrisa: “Entonar daimoku, tanto en tiempos de sufrimiento como de alegría. Triunfar entonando daimoku hasta el fin. Ese es el espíritu del mentor y el discípulo, que implica jamás retroceder un solo paso. Y, puesto que he grabado firmemente esta postura en mi vida, no le temo a nada”. Ahora, con noventa años de edad, esta dama pionera, llena de vida, ha dado a conocer el budismo del Daishonin a un joven de veintiocho años y lo ha ayudado a recibir el Gohonzon.

El Daishonin explica: “El juramento es el juramento de propagar el daimoku [Nam-myoho-rengue-kyo]”.[6] Hoy, los nobles antecesores en la fe del Japón y del mundo entero están entonando con todo vigor un daimoku resonante, impregnado de compromiso por lograr el Kosen-rufu.

Bryan Wilson (1926-2004), renombrado sociólogo experto en religión con quien he tenido la oportunidad de reunirme en varias ocasiones para dialogar, observó que, a través de la práctica de entonar el daimoku, nuestros miembros comprenden la importancia de adoptar una actitud positiva ante la vida, de tener la consideración por los demás y de cultivar una ética de coexistencia armoniosa con el mundo natural.[7]

El Daishonin enseña que entonar Nam-myoho-renge-kyo puede fortalecer y vigorizar nuestro cuerpo y nuestro espíritu hasta un nivel sin precedentes.[8]

¡Hagamos retumbar en el firmamento la melodía victoriosa del daimoku y emprendamos una nueva marcha con espíritu rejuvenecido!

 

Nuestros miembros oran

entonando daimoku para triunfar,

y lograr una victoria tras otra.

Su oración abarca el mundo entero.

 

(Publicado en la edición de diciembre de 2011 de Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai.)


[1] Kamkom kwamkid kong Poltree Luang Wichitwathakan (Major General Luang Wichit Wathakan’s Insightful Words and Wisdom) [Profundas palabras y sabiduría del mayor general Luang Wichit Wathakan], Sangsan Books Co., Ltd., Bangkok: 2000, pág. 74.

[2] Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 466.

[3] END, pág. 433.

[4] Ib., págs. 891 y 892.

[5] En enero de 1980, en pleno invierno, un contingente de casi mil miembros de Shikoku atravesó el tempestuoso mar a bordo del transbordador Sunflower 7 y llegó al Puerto de Yokohama, para celebrar el comienzo del año que marcaba el 50o aniversario de la Soka Gakkai, en el Centro Cultural de Kanagawa junto al presidente Ikeda, quien se había visto forzado a dejar el cargo de tercer presidente el 24 de abril de 1979.

[6] Gosho zenshu, pág 846. “Oko Kikigaki” (Disertaciones registradas); material no incluido en WND, vols. 1 y 2.

[7] Artículo sobre una disertación pronunciada por el doctor Wilson en Tokio, el 5 de noviembre de 1997, en respuesta a una invitación del Instituto de Filosofía Oriental, entidad afiliada a la Soka Gakkai. (Seikyo Shimbun, 6 de noviembre de 1997.)

[8] Véase END, pág. 1031.