Junio 2011

“Fortalezcan su fe día tras día y mes tras mes”

 

Permitan que se abra paso, pujante,

el resplandor de su corazón,

como dignas reinas de la humanidad

hoy y siempre.

 

“Ganar [una causa aparentemente perdida], pese al destino, reconforta el corazón”;[1]así lo declara la heroína de la novela El alma encantada, del escritor francés Romain Rolland (1866-1944).

La vida es una ardua lucha para vencer las embestidas del karma. ¿Nos dejamos arrastrar por los vientos del destino o nos mantenemos inflexibles y logramos salir victoriosos? La fe en la Ley de Nam-myoho-renge-kyo, esencia del Sutra del loto, nos permite triunfar sobre todos los obstáculos.

El Sutra del loto es la enseñanza que abrió el camino hacia la felicidad eterna de las mujeres, a quienes, en sutras anteriores, se les había negado la posibilidad de lograr la Budeidad. La monja laica Sennichi, habitante de la isla de Sado, tuvo la buena fortuna de recibir instrucciones en la fe directamente del Daishonin, encontró una gran fuente de coraje e inspiración en la frase que le aseguraba que “El Sutra del loto pone en primer plano el logro de la Budeidad en las mujeres”.[2]

En respuesta al sincero anhelo de felicidad para las mujeres que abrigaba el Daishonin, Sennichi se dirigió a todas las que estaban sufriendo, ya fuere para brindarles aliento o para hablarles con toda confianza acerca de la enseñanza correcta del Budismo. Los fuertes lazos de fe que la unían a la monja laica de Ko y a otros compañeros creyentes de Sado eran en verdad muy hermosos.[3]El Daishonin elogió profundamente la fe valerosa demostrada por Sennichi; ella y su esposo, Abutsu-bo, lo ayudaron y asistieron durante su exilio, y él aseguró que jamás olvidaría la bondad de ambos en ninguna existencia futura.[4]

Incluso después de que el Daishonin abandonó la isla de Sado, Sennichi envió cada año a su esposo al monte Minobu para que le entregara a aquél las más sinceras ofrendas. Después de la muerte de Abutsu-bo, ella hizo que su hijo Tokuro Moritsuma fuera en su lugar. El Daishonin estaba feliz de que el joven hubiese heredado la fe firme de sus padres y se hubiese convertido en un “sincero devoto del Sutra del loto”.[5]

Sennichi se consagró sinceramente a su práctica budista, respetando con toda seriedad la advertencia del Daishonin “Fortalezca su fe, ahora más que nunca”.[6]

Ese mismo espíritu de luchar con una fe cada día más firme palpita hoy en las integrantes de nuestro Departamento de Mujeres.

Mi mentor y segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, dijo una vez:

El budismo de Nichiren Daishonin es la enseñanza de la verdadera causa. Más allá de cómo fue el pasado o de la situación que se vive en el presente, podemos crear la verdadera causa (llevar a cabo la práctica fundamental) de lograr la Budeidad a partir de este momento. Nuestra victoria futura siempre se decide de acuerdo con nuestras causas presentes, con lo que hacemos a partir de ahora. Debemos seguir avanzando con valentía, concretando de manera constante una victoria tras otra.

En tiempos de grandes dificultades, las señoras de la Soka han entonado un daimoku poderoso y han hecho surgir una fuerza vital vibrante como el sol de la mañana, que ha disipado las tinieblas de todo sufrimiento y desventura.

“No existe el karma que no pueda ser transformado. Todos pueden lograr una auténtica felicidad”: he allí la verdad que las integrantes del Departamento de Mujeres han demostrado con orgullo, a lo largo de los últimos sesenta años, al tiempo que se dedicaban a crear una red insuperable de paz alrededor de mundo.

En 1957, cuando me dirigía a una reunión en la región de Tohoku, al nordeste de Japón, mantuve un encuentro inolvidable con mujeres de la organización de la prefectura de Akita. Varios años después (en 1962), esas mujeres debieron enfrentar una persecución que se produjo contra los miembros de la Soka Gakkai en el pueblo minero en que vivían. Ellas permanecieron inflexibles y tomaron esa circunstancia como una oportunidad de transformar su karma. Hicieron oír claramente su voz para corregir los conceptos distorsionados que circulaban por entonces y lograron una victoria resonante.[7]

Una de esas señoras, ahora miembro del Grupo Muchos Tesoros, manifiesta llena de convicción: “La fuerza de las integrantes del Departamento de Mujeres de Tohoku se encuentra tanto en su determinación de no retroceder ni un solo paso hasta lograr la victoria como en sus corazones cálidos como el sol. Cuando transformamos nuestro karma y lo convertimos en nuestra misión, nuestra vida se torna mil veces más significativa y valiosa”.

El doctor Anwarul K. Chowdhury, ex subsecretario general de las Naciones Unidas, manifestó que era motivo de gran estímulo la fe inquebrantable de la SGI en la capacidad de los seres humanos para superar problemas en apariencia insolubles.[8]

“Fortalezcan su fe día a día, mes tras mes”,[9]nos exhorta el Daishonin. Resplandecientes de ese valeroso espíritu, las mujeres de la Soka continúan avanzando, incansables, con el lema “Siempre rebosantes de ánimo!”.

 

Poseen ustedes en su vida

el don de la eterna felicidad.

Vivan, pues, con corazón invencible,

sin temerle a nada.

 

(Publicado en la edición de junio de 2011 de Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai.)


[1]Rolland, Romain:Mother and Son: Being Volume Three of The Soul Enchanted, trad. por Van Wyck Brooks, Henry Holt and Company, Nueva York: 1927, pág. 177.

[2]En el sutra de la verdadera retribución, el Daishonin escribe: “Según leo en su carta, pese a que siempre la han inquietado las faltas e impedimentos que dificultan a las mujeres el logro de la iluminación, ella [ahora] confía totalmente en este Sutra en cada circunstancia, ya que según mi enseñanza, el Sutra del loto pone en primer plano el logro de la Budeidad en las mujeres”. Véase Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 972.

[3]END, pág. 625.

[4] Véase END, pág. 977.

[5] Véase Ib., pág.1091.

[6] Ib., pág. 656.

[7]Para un relato más detallado sobre el incidente del Sindicato de Mineros de Osarizawa, remitirse a La nueva revolución humana, vol. VI, capítulo “Mares tempestuosos”.

[8]Extraído del mensaje de felicitación dirigido al presidente Ikeda por su 80ocumpleaños, publicado en el Seikyo Shimbun,el 4 de enero de 2008.

[9]END, págs. 1042 -1043.