Septiembre 2011

El espíritu triunfal de compartir del budismo con los demás

 

Remonten un vuelo sin límites

a través de esta existencia,

y que cunda libre por los aires

el maravilloso son de sus voces.

 

“Sean profunda y apasionadamente sinceros”,[1] solía exhortar el gran escultor francés Auguste Rodin (1840-1917). “Pronto acudirán los amigos, pues lo que es profundamente cierto para una persona lo es para todos”.[2] Eso es así, sin el menor asomo de duda.

¡Cuán estimulante y liberadora es la vida de quien puede ver claramente la realidad y expresar la verdad sin temor alguno!

 

*

 

Nichiren Daishonin declaró: “El maravilloso medio para poner fin, de verdad, a los obstáculos físicos y espirituales de los seres humanos no es otro que Nam-myoho-renge-kyo”.[3]

Todos hemos nacido para ser felices, triunfar en la vida y brindarles felicidad a los demás. Pero nuestro desafío es enfrentar los diversos obstáculos y sufrimientos que son el producto de nuestro karma y que nos impiden lograr lo que anhelamos. El supremo poder de Nam-myoho-renge-kyo, la Ley mística, es lo que nos permite lograr la felicidad y la victoria verdaderas en nuestra existencia. Nos brinda la capacidad de superar aun el dolor más profundo, de disipar la más oscura desesperación. El Daishonin reveló plenamente la enseñanza de la Ley mística y la entregó a toda la humanidad.

La Soka Gakkai, una organización cuyo compromiso es llevar a cabo el designio del Buda, nació en un momento histórico (1930) en que el mundo se encaminaba hacia una situación de conflicto sin precedentes, que cuadraba perfectamente con la descripción del Daishonin de “luchas y disputas, peores a todo lo que el hombre haya conocido jamás”.[4]

En esa época, Tsunesaburo Makiguchi, presidente fundador de la organización, y su discípulo y sucesor, el segundo presidente Josei Toda, se consagraron a propagar ampliamente las enseñanzas del Daishonin por todo el Japón, impulsados por el deseo ferviente de lograr la paz y la seguridad para todas las personas. También lucharon con gran valentía para señalar los errores del clero de la Nichiren Shoshu, cuyos sacerdotes se inclinaban sumisos ante los mandatos de las autoridades militaristas, movidos por el temor y por la necesidad de preservarse. Makiguchi y Toda actuaron de ese modo, pues en sus escritos, el Daishonin cita las palabras del gran maestro T’ien-t’ai: “El Sutra del loto es la enseñanza del shakubuku, la refutación de las doctrinas provisionales”.[5]

El shakubuku, que es el acto de compartir la Ley suprema de Nam-myoho-rengue-kyo con los demás, es una batalla espiritual de “quebrantar y someter” (en japonés, shakubuku) la oscuridad fundamental o negatividad inherente a la vida, que sumerge a las personas en el sufrimiento y la desdicha. Cuando el poder del bien es débil, el poder del mal se intensifica. Si es eso lo que prevalece, la auténtica felicidad e iluminación quedarán para siempre fuera del alcance de los seres humanos. Es por ello que debemos proclamar firmemente la enseñanza correcta con el “coraje de un león rey”.[6]

 

*

 

Mi mentor, el señor Toda, a menudo decía: “El Daishonin establece que ‘Nam-myoho-rengue-kyo abarca tanto la práctica para uno como la práctica para los demás’.[7] Cuando entonan el daimoku con seriedad y fervor, naturalmente desean compartir el budismo con los demás”.

Bastan unas pocas palabras. Cuando extraemos el coraje de la budeidad de nuestro interior y compartimos la honesta alegría de la fe y la grandeza del budismo del Daishonin, podemos llegar a conmover la vida de quienes nos escuchan y lograr que ellos establezcan una conexión con la Ley mística.

El Daishonin escribe: “Si ha oído hablar del Sutra del loto, que conduce a la budeidad, tomando esto como semilla, invariablemente llegará a ser un buda”.[8] A medida que, con profunda convicción y sinceridad, vamos hablando cada vez más acerca de nuestra práctica budista con otros, vamos plantando más y más semillas de la budeidad en sus corazones. Aunque no comiencen a practicar de inmediato, llegará sin falta el momento en que la simiente que se ha sembrado en la vida de los demás germine en la forma de aspiración por la fe y produzca bellas flores de felicidad.

 

*

 

Aun cuando pudiésemos derramar un caudal de incontables riquezas sobre alguien, no podríamos por ello garantizar su felicidad. No existe otro camino para lograrlo que compartir la Ley mística con cada persona. Eso es exactamente lo que hacemos en la Soka Gakkai.

También yo, desde que era muy joven, me he dedicado de todo corazón a compartir con los demás el budismo del Daishonin; toda esa labor permanece en mí como un invalorable “recuerdo de mi actual existencia en este mundo humano”.[9]

Durante la campaña de propagación de Hokkaido en 1955, hubo un joven que, con espíritu idéntico al mío, se esforzó con absoluta dedicación para introducir a otras personas en el budismo. No se dejó abatir por la discriminación que existía en su comunidad contra la Soka Gakkai e incluso logró un gran triunfo sobre la enfermedad. Hoy, ya con noventa años de edad, recuerda aquellos tiempos y dice con una sonrisa que, a lo largo de tanto tiempo de práctica, había dado a conocer las enseñanzas del Daishonin a más de trescientas familias. Él rememora: “Carecía de dinero y de educación, pero le había prometido al presidente Ikeda que expandiría mi vida y triunfaría para convertirme en un campeón del shakubuku. Mediante mi activa labor de propagar la Ley mística a los demás, fui capaz de contribuir a la felicidad de innumerables personas. Cuando oramos por el éxito de la propagación de la ley, nuestra oración jamás queda sin respuesta”.

Unos trece mil miembros de los departamentos juveniles de la SGI de Brasil han dado a conocer al menos a una persona las enseñanzas del budismo el Daishonin, con lo cual cumplieron con la promesa que hicieron todos juntos en su encuentro cultural general de jóvenes de 2009. He ahí un admirable ejemplo de cómo se transforman las palabras en acción.

Un académico ruso manifestó: “Quisiera que la voz de la SGI se escuchara más ampliamente en todo el mundo”.[10]

Mientras continuamos dialogando con los demás sobre la grandeza del budismo del Daishonin, sigamos abriendo una senda triunfal de eternidad, felicidad, verdadera identidad y pureza para toda la humanidad.

 

Orgullosos emisarios de la Ley

a quienes el mundo admira:

sus beneficios perdurarán sin falta

a través de las tres existencias.

 

 

          (Publicado en la edición de setiembre de 2011 de Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai.)

[1] Rodin, Auguste: L’Art: entretiens réunis par Paul Gsell (Arte: Entrevistas recopiladas por Paul Gsell), Bernard Grasset, París: 1924, pág. xiv.

[2] Ib.

[3] Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 884.

[4] END, pág. 567.

[5] La cita pertenece a la obra de T’ien-t’ai Profundo significado del “Sutra del loto”. Aparece en END, pág. 413.

[6] Ib., pág. 1042.

[7] The Writings of Nichiren Daishonin (WND), Tokio: Soka Gakkai, 2006, vol. 2, pág. 986.

[8] END, págs. 923-924.

[9] Véase END, pág. 68.

[10] Extraído de un artículo de la edición del 27 de setiembre de 2007 del Seikyo Shimbun.