Nos dirigimos a los jóvenes del mundo para que se unan y enfrenten los importantes retos de la humanidad, y sean constructores de su propia vida y de la historia del nuevo siglo.

 

Nuestra esperanza es infinita porque estamos convencidos de que sabrán resolver los más diversos imperativos planetarios en unión solidaria.

 

En estos momentos, la humanidad se enfrenta a una vertiginosa dinámica de cambios que lleva a grandes desafíos. Es necesario hacer memoria. La memoria nos ilumina el presente. Desde ahí podemos saber que existe la capacidad y la resistencia de las personas que construyen nuevas alternativas y son una luz de esperanza en que «otro mundo es posible».

 

El siglo XX marcó profundamente el caminar en la vida de la humanidad, entre luces y sombras, generando asimetrías e injusticias entre ricos y pobres, y entre los llamados países desarrollados y los países excluidos en vías de desarrollo, divergencia que se hace cada día mayor. El hambre es un crimen. La lucha contra la pobreza y el hambre es central. Para erradicar la desdicha de este planeta, debemos superar las diferencias entre países, etnias, religiones y culturas, y cooperar con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas que procura «transformar nuestro mundo».

 

Desafío por los nuevos tiempos

 

Hemos logrado ciertos avances en la construcción de nuevos tiempos. Uno de ellos es el Acuerdo de París que establece medidas para combatir el cambio climático. El acuerdo entró en vigor en noviembre de 2016, en medio de la creciente amenaza de los fenómenos meteorológicos extremos y la elevación del nivel del mar, y fue ratificado por la mayoría de las partes. Otro avance ha sido la aprobación del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares en julio de 2017. Dicho instrumento jurídico internacional establece la absoluta ilegalidad de tales armamentos.

 

En noviembre del año pasado, el Vaticano fue sede de la conferencia internacional «Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares y para el desarme integral» convocada por el papa Francisco. Si buscamos abolir completamente los armamentos nucleares, es preciso eliminar la amenaza, pero también la ambición de poder y el afán de lograr la seguridad del propio país a costa de la vida y la dignidad de otros pueblos. Es necesario y urgente «desarmar la razón armada».

 

Nosotros dos hemos dialogado sobre temas de índole planetaria motivados siempre por nuestra ilimitada fe en el potencial de los jóvenes.

 

Hemos visto que la juventud de todos los confines actuaron solidariamente con la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), como agentes clave de la sociedad civil, que impulsó la adopción del tratado antes mencionado.

 

El devenir del género humano depende del presente, de los jóvenes que tengan el coraje de enfrentar la realidad, sin dejarse doblegar ante la adversidad.

 

Martin Luther King (h.) señaló: «[E]stamos siempre en el umbral de un nuevo amanecer». Nosotros dos estamos convencidos de que siempre está la esperanza y la voluntad de construir un nuevo amanecer para la humanidad y para todo ser viviente en nuestra casa común, el planeta Tierra.

 

El problema de los refugiados es apremiante. La vida y la dignidad de miles y millones de personas son violentadas por las guerras y conflictos armados, por el hambre, por la violencia social y estructural. Hay que abrir los brazos, la mente y el corazón para la solidaridad con los más necesitados y revertir esa grave situación.

 

Nuestro mensaje a la juventud

 

Dirigimos este mensaje a la juventud. La fuerza de la unión solidaria nos permite resolver cualquier problema. Confiamos en que los jóvenes asumirán la búsqueda de soluciones, solidarizándose desde su lugar de pertenencia, identidad cultural y espiritual, generando todo un oleaje de acción dinámica y colectiva. Hacemos este llamamiento a los jóvenes para que asuman con responsabilidad el camino de la vida junto a sus pueblos, y tener la seguridad de que lo que se siembra se recoge.

 

La amenaza de las armas nucleares, el incremento de los refugiados por los conflictos, los fenómenos meteorológicos extremos causados por el cambio climático, la avaricia de los especuladores financieros que agravan la brecha entre ricos y pobres… Bajo todos estos problemas yace la pugna desenfrenada por la supremacía militar, política y económica, que ensombrece la casa común, nuestro planeta Tierra.

 

Hay una tendencia preocupante en la sociedad: la ambición desmedida y exaltada de poder y riqueza que se traduce en el afán de obtener todo rápida y fácilmente.

 

La sabiduría de Oriente señala que tal ofuscamiento es provocado por tres impulsos negativos: La codicia regida por un irreprimible egoísmo, el odio o aversión, y la estupidez que nos hace perder el rumbo de nuestras vidas y de la sociedad.

 

El Mahatma Gandhi instó a las personas a juzgar sus propias palabras y acciones, reflexionando sobre la influencia que estas ejercen en los más pobres y desvalidos, evocando sus rostros. Estaba convencido de que toda sociedad debía desarrollarse sopesando el bienestar de los desfavorecidos, sin abandonar a nadie. Esta visión coincide con el ideal humanista del lema «no dejar a nadie atrás» de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas.

 

Nuestro mensaje a la comunidad internacional

 

Mediante este llamamiento conjunto, instamos a frenar los excesos de la civilización para restablecer el equilibrio entre el ser humano y la Madre Tierra, y proponemos a la comunidad internacional impulsar el empoderamiento de los jóvenes, a través de la educación en ciudadanía mundial, con el fin de cimentar la construcción de sociedades inclusivas.

 

Sugerimos implementar en todas las latitudes un nuevo conjunto de proyectos destinados a formar ciudadanos globales hasta el 2030 y empoderar a los jóvenes para que liberen su capacidad y potencial ilimitados. La iniciativa buscará:

 

  1. Promover una conciencia colectiva sustentada en la memoria universal de la historia, para no repetir las tragedias.
  2. Promover el entendimiento de que la Tierra es nuestra casa común, donde nadie debe ser excluido por las diferencias.
  3. Promover la orientación humanitaria de la política y la economía, y cultivar la sabiduría para el logro de un futuro sostenible.

 

A fin de cumplir con estos tres objetivos, es vital que los jóvenes se unan solidariamente y generen una fuerza dinámica de acción para enfrentar los desafíos planetarios y proteger la Madre Tierra.

 

Con la antorcha en alto

 

Nosotros dos hemos vivido las tempestades de las guerras y la violencia del siglo XX. Esas vivencias impulsan nuestros insistentes esfuerzos para ampliar los lazos de fraternidad entre los pueblos, más allá de las diferencias étnicas o religiosas. Ahora sentimos la necesidad de acercarnos a los jóvenes del siglo XXI, para encargarles que sostengan en alto la antorcha de la amistad y la unidad en la diversidad, y fomenten la solidaridad por la armonía.

 

Adolfo Pérez Esquivel y Daisaku Ikeda consideramos que será sumamente significativo para las sociedades contemporáneas y futuras que los jóvenes asuman su compromiso junto a los pueblos para inaugurar un nuevo amanecer de esperanza, unidos solidariamente para velar por la dignidad de la vida, luchar contra las injusticias y compartir el alimento del cuerpo, del espíritu y de la libertad. Si así lo hicieren, construirán un valioso patrimonio espiritual universal para la humanidad, un nuevo mundo justo y solidario.

 

 

5 de junio de 2018