NUESTRAS REUNIONES DE DIÁLOGO SOKA,

UN ESPACIO DE ESPERANZA

 

          En los escritos de Nichiren Daishonin hay un pasaje inolvidable, que estudié junto con mi mentor Josei Toda. Se trata de una carta dirigida a la monja laica Sennichi, quien había apoyado a su marido para que este fuese a visitar al Daishonin hasta el distante monte Minobu. El Daishonin escribe: «Luego […] apareció Abutsu-bo. Lo primero que hice fue preguntarle por usted y por el sacerdote laico de Ko. Me dijo que ninguno de ustedes había caído enfermo».[1]

          En un momento en que las epidemias arrasaban el país, el Daishonin estaba hondamente preocupado por sus discípulos, orando por la seguridad de todos ellos. Luego de agradecer a Abutsu-bo por haber hecho un viaje tan largo para ir a verlo, le pregunta por cada uno de sus seguidores residentes en Sado y celebra al enterarse de que están bien y a salvo. En la carta, también pide a Sennichi que le transmita un mensaje de condolencias y de aliento a otra practicante que había enviudado recientemente.

          Después de hacerme leer en voz alta este texto, el señor Toda dijo: «En estas palabras vemos la conducta profundamente humana de Nichiren Daishonin. Es, también, la postura que debemos llevar a las reuniones de diálogo».

          El humanismo de la Soka fluye ilimitadamente en estos encuentros.

          En mi segunda conferencia en la Universidad de Harvard (en 1993), señalé que una religión capaz de propiciar un renacimiento humano —en otras palabras, empoderar a los sujetos a que sean personas más fuertes, mejores y más sabias— mostrará el rumbo para construir una cultura de verdadero humanismo en el siglo xxi.

          Nuestras reuniones de diálogo son jubilosos encuentros de los cuales salimos energizados y esperanzados, como protagonistas de nuestra revolución humana; sentimos que renace en nosotros la fuerza de la Budeidad para remontar aún el karma más adverso.

          Asimismo, son espacios donde interactuamos como una familia desde el tiempo sin comienzo, trascendiendo todas las diferencias, creyendo en el potencial positivo de los demás y dándonos aliento e inspiración unos a otros. Son modelos de tolerancia y de armonía, como los que tanto demanda y anhela la humanidad.

          Y, no menos importante, las reuniones de diálogo son un ámbito de capacitación para aprender y practicar la suprema filosofía del respeto a la dignidad de la vida.

          Son lugares donde los jóvenes y los mayores estudian y debaten vivamente los principios del budismo Nichiren, para adquirir sabiduría con la cual crear valor.

          En 1968, propuse iniciar una «revolución de las reuniones de diálogo». En un encuentro de estos celebrado en la ciudad de Fujinomiya, prefectura de Shizuoka, me referí al siguiente pasaje de los escritos del Daishonin: «La persona que abraza el capítulo “Duración de la vida” del Sutra del loto está manteniendo la vida de los budas. En tal caso, ¿algún buda abandonaría a la persona que cree en el mismo sutra mediante el cual él ha obtenido la iluminación?».[2] En vista de tales palabras, les aseguré: «Por muchas dificultades o adversidades que se les presenten, ustedes van a ganar sin falta».

          Hoy, cinco décadas después, la luz brillante del budismo del pueblo, que es el budismo del Daishonin, está iluminando el mundo entero.

          ¡Recibamos el próximo «Año del avance y de los valores humanos» iniciando una nueva «revolución de las reuniones de diálogo»!

 

Mis jóvenes amigos,

reúnanse en nuestros encuentros de diálogo,

faros de esperanza para la humanidad.

¡Celebremos juntos

el gozo de la vida!

 

 

          (Traducción del artículo publicado en la edición de noviembre de 2019 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

 

 

[1] Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 978.

[2] END, pág. 541.