ECHEMOS RAÍCES FIRMES Y PROFUNDAS EN LA FE

 

          Este año, una vez más, la familia Soka ha luchado incansablemente por el kosen-rufu y ha triunfado. Cuando leo los escritos de Nichiren Daishonin, casi me parece oírlo elogiar a cada uno de nuestros laboriosos miembros.

          En una carta a Nanjo Tokimitsu, el Daishonin escribe: «Con estas lluvias torrenciales que no aflojan a ninguna hora, día tras día, las montañas se desmoronan y sepultan los valles, las sendas quedan obstruidas por los peñascos, los ríos desbordan y los botes se ven obligados a abandonar sus puestos en los cruces».[1] A continuación, felicita a su joven discípulo por la sinceridad con que le envía ofrendas en circunstancias tan extremas, diciéndole: «La sinceridad que usted ha mostrado […] es más firme que la tierra y más vasta que el cielo».[2]

          Aunque nuestros miembros muchas veces se ven afectados personalmente por desastres naturales como las lluvias torrenciales y los tifones, siguen trabajando con denuedo por el kosen-rufu, sin dejar de ayudar y de asistir a los demás. Con este espíritu invencible, sin duda están acumulando una buena fortuna tan inmensa como el universo.

          En áreas afectadas por catástrofes, y en cada lugar, la tarea sincera y diligente de nuestros camaradas infunde tranquilidad y seguridad en cada vecindario, y echa firmes raíces de confianza y de protección en la sociedad.

          Las raíces invisibles nutren la fuerza creadora de valor.

          Hablando de raíces, recuerdo un mural pintado por el gran artista del Renacimiento Leonardo da Vinci (1452-1519). La pintura, que cubre el cielorraso y las paredes de un salón en un castillo italiano, representa con gran exuberancia la fronda de un bosque. Las copas lozanas se extienden por la bóveda del techo, mientras que los troncos y las raíces potentes se dibujan sobre las paredes. 

          Nichiren Daishonin veló por sus discípulos con corazón benevolente y los forjó espiritualmente, para que cada uno de ellos echara hondas raíces de fe. A la hora de elogiar a la monja laica de Kubo, una sincera discípula que luchaba contra la persecución y su karma adverso, escribe: «¡Cuán profundas son las raíces de su fe, y cuán pura es la gema de su corazón…! ¡Qué admirable, qué admirable!».[3]

          Los maestros y discípulos de la Soka, heredando el legado de nuestros dos fundadores Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda, hemos forjado firmes raíces de fe por haber practicado tal como enseña el Buda. Hemos creado un bosque de valores humanos, donde cada miembro se yergue alto y decidido, sin temer a nada.

          Hace cincuenta años, el Día de Año Nuevo (de 1969), dediqué un poema a los miembros de la División Futuro, titulado «La gran esperanza». Allí, escribí: «Crezcan como árboles firmes e imponentes», y les prometí: «Que yo seré sus raíces». Desde entonces, aquellos jóvenes se han convertido en árboles monumentales, poseedores de un inmenso follaje de fortaleza y de buena fortuna, y dando profusas flores de brillante victoria. Hoy en día, con el mismo espíritu que yo, están obrando como raíces invisibles que nutren a incontables sucesores.

          ¡Avancemos irradiando esperanza! ¡Echemos raíces de fe pura, fuerte, profunda, y cultivemos en el mundo entero un jardín florido de paz y de felicidad!

 

Hoy, una vez más,

aunque otros no nos vean,

hundamos nuestras raíces

en la tierra de maestro y discípulo.

y elevémonos como árboles alhajados de triunfo.

 

 

          (Traducción del artículo publicado en la edición de diciembre de 2019 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

 

 

[1] The Writings of Nichiren Daishonin (WND), vol. 2, Tokio: Soka Gakkai, 2006, pág. 783.

[2] Ib.

[3] WND, pág. 755.