VAMOS HASTA EL ÚLTIMO MOMENTO CON FE INQUEBRANTABLE

 

          Algo que me conmueve profundamente, cada vez que leo los escritos del Daishonin, es ver con qué corazón alentaba a sus discípulos mayores.

          Por ejemplo, en una oportunidad le escribió a un matrimonio de edad avanzada que no había tenido hijos, el sacerdote laico y la monja laica de Ko, diciéndoles: «El buda Shakyamuni, señor de las enseñanzas, seguramente ha de ser para ustedes dos como un padre compasivo. Y yo, Nichiren, soy como el hijo de ambos».[1] Con estas palabras, su deseo era tranquilizar a estos creyentes cuya edad iba en aumento, en un mundo de incertidumbre e inestabilidad.       

          En otra carta dirigida a Toki Jonin, el Daishonin elogia a la madre de este último, de más de noventa años: «Todas las deidades de las diez direcciones también se enterarán de esto [la sincera ofrenda que ella había hecho]. Como el rocío se funde con el gran océano o el polvo se incorpora a la tierra, [el beneficio de esta ofrenda] permanecerá en existencia tras existencia, sin jamás desvanecerse, en vida tras vida».[2]

          Con las mismas palabras, él alentaría, con toda seguridad, a nuestros camaradas del Departamento de Mujeres y de Hombres de la Soka Gakkai.

          En la reunión de diálogo donde, a mis diecinueve años, conocí a mi maestro Josei Toda, este observó con convicción que el budismo Nichiren permite a todas las personas superar los sufrimientos fundamentales del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte, y vivir la mejor vida posible.

          En los setenta años transcurridos desde entonces, incontables miembros de nuestra familia Soka, de acuerdo con la orientación del señor Toda, han afrontado con valor las aflicciones de la vida y la muerte, y han dado pruebas triunfales de su revolución humana.

          En La herencia de la Ley suprema de la vida, Nichiren Daishonin escribe: «¡Cómo contener las lágrimas ante la dicha indescriptible de saber que no sólo uno o dos, no sólo cien o doscientos, sino nada menos que mil budas nos darán la bienvenida con los brazos abiertos!».[3]

          Nuestros compañeros del grupo Muchos Tesoros, que han hecho daimoku para alentar a infinidad de camaradas a lo largo de los años, sin duda serán abrazados y protegidos por mil budas mientras recurren la senda jubilosa y segura hacia su próxima existencia.

*

          No hay cómo negar que nuestras facultades físicas y mentales declinan con la edad, como es propio del ser humano.

          Hasta Nichiren Daishonin, el Buda del Último Día de la Ley, reconoció: «En estos ocho años transcurridos, a mi edad avanzada sumando a una enfermedad debilitante, mi cuerpo pierde fuerzas año tras año, y mi mente se distrae cada vez más».[4] Así y todo, siguió sobrellevando duras persecuciones sin dejar de forjar y de proteger a cada uno de sus discípulos, y esforzándose por asegurar la transmisión eterna de la Ley Mística.

          Aunque deban batallar ustedes mismos contra la enfermedad, o tengan que cuidar a un familiar postrado o anciano, les pido que eso no sea motivo de dudas o que los haga cuestionarse por qué eso les está ocurriendo si han venido practicando el budismo Nichiren durante muchos años.

          Como explica el Daishonin a uno de sus discípulos: «Ya que [los sutras] enseñan que las personas enfermas sin falta lograrán la Budeidad, ¿no podría ser la dolencia de su esposo un designio del Buda? Las enfermedades hacen surgir en nosotros la determinación de entrar en el Camino».[5] La clave está en buscar el significado más profundo que encierra esa experiencia, convertir el veneno en remedio, crear enormes beneficios y forjar un estado de vida grandioso, invencible, en bien de sus familiares y amigos. Este es el propósito de la fe.

          Aunque nuestras seis conciencias declinen —la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y las facultades mentales—, lo que no se destruirá es «el palacio de la novena conciencia, la realidad invariable que reina sobre todas las funciones de la vida»,[6] que hemos construido a través de nuestro esfuerzo por el kosen-rufu.

          En nuestro viaje a través de las tres existencias del pasado, presente y futuro, estamos eternamente unidos a la Ley Mística y al Daishonin. ¿Cómo podríamos sentir miedo o angustia?

          La «herencia de la fe» sin falta, con el tiempo, fluirá en todos los integrantes de su familia, incluso en los que se oponen a su práctica, así que por favor no se preocupen por nada.

          El fundador de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi, murió en la cárcel como prisionero de conciencia. Su ejemplo nos ha enseñado que, sean cuales fueren las circunstancias o el lugar donde pasemos los últimos momentos de nuestra vida, quienes se han dedicado al juramento del kosen-rufu tienen garantizada una espléndida victoria en el logro de la Budeidad.

          Manteniendo esta postura de fe eternamente inquebrantable que heredamos del señor Makiguchi, ¡irradiemos junto a los miembros del grupo Muchos Tesoros una brisa fragante de eternidad, felicidad, verdadera identidad y pureza!

 

No temamos a nada,

pues somos siempre budas,

en la vida y en la muerte.

Cruzando valles y montañas,

entonemos un jubiloso himno triunfal.

 

 

          (Traducción del artículo publicado en la edición de julio de 2018 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai.)

 

 

[1] Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 514.

[2] The Writings of Nichiren Daishonin (WND), Tokio: Soka Gakkai, 2006, vol. 2, pág. 532.

[3] Véase op. cit., en END, pág. 226.

[4] WND, vol. 2, pág. 973.

[5] END, pág. 981.

[6] Ib., pág. 873.