RADIANTES COMO EL SOL, INTRÉPIDOS COMO LEONES

 

 

          Cada ámbito del quehacer humano requiere de práctica. Quienes se dedican seriamente a esa práctica y adquieren maestría en el campo elegido son personas plenas, realizadas y llenas de vida.

          «El corazón de la práctica del Sutra del loto —explica claramente Nichiren Daishonin— yace en respetar a las personas tal como lo hizo el bodhisattva Jamás Despreciar y en cultivar una conducta ejemplar como seres humanos».[1]

          Esta práctica comienza por salir al encuentro de la gente, con convicción en su naturaleza de Buda, y en tratar a cada uno con auténtica consideración y cortesía. Aunque haya personas que no respondan positivamente a nuestros esfuerzos sinceros, el profundo respeto con que nos dirijamos a ellas sin falta conmoverá su naturaleza de Buda inherente. Al mismo tiempo, necesitamos luchar con valentía, persistencia y sabiduría contra las funciones demoníacas que devalúan la vida y ocasionan sufrimiento y aflicción a la gente.

          El Daishonin observa: «A diferencia de la mayoría de la gente, en el transcurso de propagar mis doctrinas, yo, Nichiren, he tenido ocasión de conocer a muchísimas personas».[2] En otras palabras, en el proceso incansable de compartir sus enseñanzas con otros, conoció a muchas más personas que el común de la gente en su época. Lo hizo con infinito amor compasivo, poniendo en el foco la felicidad de cada ser humano con quien dialogaba, aun cuando eran muy pocos los que se mostraban abiertos y receptivos a su mensaje, como él mismo reconoce francamente.[3] No dudo de que él estaría plenamente consciente del enorme esfuerzo que nosotros hacemos hoy, en esta época atribulada del Último Día de la Ley, para difundir su budismo.

          El diálogo centrado en «establecer la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra» como ideal es un aspecto de la práctica budista que involucra una dificultad extrema. Pero, precisamente por esa razón, da lugar a tan inmensos beneficios. No solo nos permite abrir nuestra vida y hacer nuestra revolución humana, sino también acumular inmensa buena fortuna que se transmite a nuestras familias, seres queridos y comunidades, y transformar el destino del lugar donde vivimos.

          Un día, estando en Kansai (en julio de 1957), mi maestro Josei Toda me dijo: «La práctica del budismo yace en la lucha por eliminar el sufrimiento y las aflicciones de este mundo, defender los derechos y la dignidad del ser humano y construir una sociedad pacífica».

          Nuestro desafío en el diálogo es parte de nuestra práctica budista para ayudar a todos a ser felices. Cada paso que damos es un paso adelante en el camino hacia el logro de la Budeidad.

          El Daishonin escribe: «[E]l devoto del Sutra del loto es como el sol o el león».[4]

          Brillantes y dispuestos a abrazar a todos como el sol, iluminemos el corazón de cada persona y ayudémosla a relacionarse con el budismo; de esa manera ¡ampliemos nuestra red de esperanza!

          Fuertes e intrépidos como leones, esgrimamos la palabra para proclamar la verdad y la justicia mientras izamos el victorioso estandarte del humanismo budista, dando ejemplo de ello en nuestra conducta como seres humanos.

 

Con el corazón radiante de luz

y la bravura de los leones,

brillen,

digan lo que deben

y triunfen magníficamente.

 

 

          (Traducción del artículo publicado en la edición de julio de 2019 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

 

 

[1] Véase Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 889.

[2] The Writings of Nichiren Daishonin, vol. 2, Tokio: Soka Gakkai, 2006, pág. 778.

[3] Véase ib.

[4] END, pág. 643.