ELEVARNOS HACIA UNA VICTORIA GLORIOSA,

CON LAS ORACIONES DE LAS MUJERES

SOKA[1]

 

          Han transcurrido 65 años desde que mi maestro Josei Toda, el segundo presidente de la Soka Gakkai, visitó las ruinas del Castillo de Aoba en la ciudad de Tohoku, en Sendai, y declaró que debíamos convertir nuestra organización en un castillo construido con valores humanos.

          Hoy, en el país y en todo el mundo se yerguen magníficos bastiones de la Soka de personas capaces. ¿Cuál es la fuerza más grande y potente que ha sustentado la construcción de estos alcázares? Esa fuerza es la oración y el aliento de las madres del kosen-rufu, las grandiosas mujeres de la Soka, ajenas a todo afán de celebridad o de reconocimiento, pero coronadas de una nobleza incomparable. Es el trabajo permanente para expresar la bondad suprema en actos de profunda valentía.

          En uno de sus escritos, Nichiren Daishonin cita estas palabras del sutra: «Todas las personas viven en el cascarón de la ignorancia sin tener el pico de la sabiduría. Así como el pájaro hembra regresa al nido, el Buda retorna a este mundo […] y rompe el cascarón de la ignorancia para que todas las personas, como pichones, abandonen el nido y surquen el cielo de la naturaleza esencial de los fenómenos y de la realidad de todas las cosas [que es el cielo de la iluminación]»[2].[3]

          Las hembras de las aves se dedican con devoción a incubar los huevos hasta que asoman los pichones, y los cuidan hasta que están en condiciones de volar. En este pasaje, se compara este instinto maternal con el profundo amor compasivo del Buda.

          Las integrantes de nuestro Departamento de Mujeres, que están forjando jóvenes y valiosos Bodisatvas de la Tierra, son la viva personificación de las «madres budas que cuidan a sus pichones». Aun cuando tienen numerosos problemas personales que resolver, voluntariamente se hacen de tiempo para encontrarse con otras personas en cada localidad y acompañarlas a superar sus dificultades. Les aseguran a sus amigos que cualquier sufrimiento kármico que tengan se puede transformar con el poder de la fe en la Ley Mística. Y, entonando «Nam-myoho-renge-kyo, que es como la tibieza de la hembra que empolla»,[4] infunden calor en su vida y en la de los semejantes, y los ayudan a revertir sus aflicciones.

          A lo largo de la historia, los pensadores e intelectuales han buscado hallar respuesta a la cuestión primordial del sufrimiento humano. Hoy, las voces seguras y solidarias de las mujeres Soka, madres del kosen-rufu, imparten sabiduría para crear felicidad; esa sabiduría tiene el poder de romper el grueso cascarón de la ignorancia u oscuridad fundamental que da origen a todas las desdichas.

          En particular, la dedicación admirable de nuestras camaradas al diálogo, enfocadas en transformar positivamente cada vecindario y en el ideal de «establecer la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra», representan una lucha por despertar la naturaleza de buda inherente en cada ser humano, y por elevar el estado de vida colectivo de la humanidad en torno al compromiso mancomunado de lograr la paz.

          En un diálogo con las integrantes del Departamento de Mujeres de la prefectura de Hyogo, quienes me acompañaron en la gesta de construir la indestructible fortaleza dorada de Kansai, les transmití tres puntos claves de nuestra práctica budista para generar felicidad y victorias imperecederas:

 

1) La postura de valorar siempre a cada persona y de orar por su felicidad.

2) La determinación de perseverar en dirección a las metas con actitud positiva

hasta cumplirlas.

3) La unión de «distintas personas con un mismo propósito», con la convicción

de no ser vencidas.

 

          Respondamos resueltamente a las oraciones de nuestras nobles camaradas del Departamento de Mujeres y, majestuosamente, emprendamos el vuelo desde este castillo Soka de valores humanos, con alas que nos conduzcan a éxitos rutilantes.

 

Ah, la lucha admirable

del Departamento de Mujeres

en el bastión de la Soka…

Triunfemos y concedámosles una corona

hecha con blancos lirios de felicidad.[5]

 

 

          (Traducción del artículo publicado en la edición de junio de 2019 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

 

  1. Ya que el 10 de junio es el Día de la División Femenina en el Japón, este editorial está dedicado a las integrantes de dicha agrupación.

[2] Se desconoce la fuente.

[3] Los escritos de Nichiren Daishonin (END), Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 1076.

[4] END, pág. 1075.

[5] El lirio blanco es la flor simbólica de la División Femenina.