QUE BRILLE LA LUZ RADIANTE DEL ALIENTO

  

          El 2 de octubre de 1960, partí rumbo a Hawái en lo que sería mi primer viaje al extranjero. Posé la mano sobre el bolsillo interior de mi chaqueta, donde había puesto una fotografía de mi maestro Josei Toda, el segundo presidente de la Soka Gakkai. En ese momento, se grabó en mi mente este pasaje de un escrito de Nichiren Daishonin titulado La selección del tiempo: «¿[P]uede haber dudas de que la gran Ley pura del Sutra del loto [Nam-myoho-renge-kyo] se propagará ampliamente [es decir, el kosen-rufu] en todas partes del Japón y en los demás países de Jambudvipa [es decir, el mundo entero]?».[1]

          Sentía, como representante de mi mentor, que era el momento de hacer realidad esa tremenda declaración del Daishonin sobre un movimiento religioso global. En mi corazón batía la determinación de hacer surgir Bodhisattvas de la Tierra en cada lugar adonde fuese.

          En ese viaje, entoné Nam-myoho-renge-kyo como queriendo impregnar con daimoku la tierra de cada punto de mi itinerario y entablé diálogos desde el alma con cada miembro a quien conocía. En respuesta a mi pedido de que se sumasen y trabajasen conmigo por el bienestar y la felicidad de todas las personas, ellos se pusieron de pie como nobles pioneros del kosen-rufu mientras batallaban contra sus propios problemas y dificultades personales.

          El budismo Nichiren es una enseñanza centrada en el pueblo, a la vez que busca alentar a cada individuo.

          En una carta a Shijo Kingo, en un momento en que este discípulo estaba asediado por grandes obstáculos, el Daishonin le dice: «[Ú]ltimamente he estado orando por usted sin cesar al Sutra del loto, al buda Shakyamuni y a la deidad del Sol, pues tengo la íntima convicción de que usted es una persona capaz de heredar el espíritu del Sutra del loto».[2]

          La luz del profundo amor compasivo del Daishonin iluminó radiantemente la vida de su discípulo, despertando en lo más íntimo de su ser —«las profundidades de la naturaleza del Dharma»[3]— la conciencia de un Bodhisattva de la Tierra que surge jubilosamente.

          Herederos del espíritu del Daishonin, hacemos daimoku por nuestros camaradas y los alentamos, con la certeza de que cada uno de ellos es alguien que «puede heredar el espíritu del Sutra del loto» y es un Bodhisattva de la Tierra. Los lazos que nos unen se originan en el propósito que compartimos.

          Y una vez que nos ponemos de pie en la fe, gracias a las oraciones y al apoyo de nuestros compañeros, a su vez actuamos de la misma manera con otras personas, para forjar a la próxima generación, en un maravilloso efecto en cadena que multiplica la gratitud y el deseo de retribuir lo que recibimos de otros.

          Han pasado casi sesenta años desde que inicié mi primer viaje por el kosen-rufu mundial. Hemos mostrado que es posible crear una red de ciudadanía solidaria dedicada a la paz por medio de la revolución humana, y que el surgimiento de los Bodhisattvas de la Tierra es una realidad en todo el mundo.

          Es magnífico ver aparecer nuevos líderes llenos de vitalidad que ponen en marcha iniciativas en bien del kosen-rufu en los lugares donde han jurado cumplir su misión. Cuando más alentemos a los demás, más crecerá nuestra red de Bodhisattvas de la Tierra.

          Unidos por los lazos de maestro y discípulo, ¡hagamos que hoy, una vez más, brille fúlgidamente la luz del aliento!

 

Mientras viva y perviva

el aliento Soka,

en todo el orbe surgirán

eternamente

valores humanos radiantes de esperanza

de acuerdo con el principio de «surgir de la tierra».

 

 

          (Traducción del artículo publicado en la edición de octubre de 2019 del Daibyakurenge, revista mensual de estudio de la Soka Gakkai).

 

 

[1] Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 576.

[2] Ib., pág. 880.

[3] The Record of the Orally Transmitted Teachings (Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente), traducido por Burton Watson, Tokio: Soka Gakkai, 2004, pág. 119.