El sábado 26 de julio, el Centro Cultural Soka de Rivas-Vaciamadrid acogió un acto conmemorativo del 80.º aniversario del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki convocado por la SGEs. Su director general, Enrique Caputo, señaló al inicio que el aniversario de aquel negro episodio «llega en un clima marcado por los vientos del rearme», y que el motivo de la organizar el encuentro había sido el deseo de «mantener en la memoria a las víctimas y de determinarnos juntos a no desistir; a seguir rebelándonos ante la realidad». Respondieron a la convocatoria más de un centenar de personas.
En palabras enviadas para la ocasión, también la alcaldesa de Rivas-Vaciamadrid, Aída Castillejo, remarcó la triste coincidencia: «Ochenta años después, seguimos presenciando cómo caen bombas sobre poblaciones civiles». Y añadió: «Frente a eso, necesitamos fortalecer la cultura de paz que rompe con la lógica de la guerra y que no normaliza la violencia ni acepta la injusticia como parte del paisaje».
En un mensaje dirigido al acto, Shiro Suzuki, alcalde de Nagasaki –ciudad con la que Rivas ha mantenido intercambios por la paz anteriormente, con el apoyo de la SGEs–, señaló que «se aproxima rápidamente una era en la que ya no estarán presentes los hibakusha, los supervivientes del lanzamiento de las bombas, quienes han liderado incansablemente la llamada a la abolición de las armas nucleares». Por lo tanto, «es fundamental que la antorcha de la paz que los hibakusha han llevado durante décadas sea transmitida con firmeza a través de las generaciones y más allá de las fronteras».
A continuación intervino Juan José Tamayo. Este destacado teólogo e intelectual, que visitó Nagasaki en noviembre de 2024 por invitación de la Soka Gakkai, compartió un dodecálogo redactado a raíz del viaje, en el que reflexiona sobre el papel de los movimientos religiosos para la construcción de la paz. Afirmó: «Si no se destruyen las armas nucleares, estas destruirán a la humanidad y a la naturaleza».

El acto prosiguió con la lectura por Invención Fernández de una declaración del Departamento de Jóvenes de la SGEs, que incluye las siguientes palabras: «Somos conscientes de que nos toca a nosotros construir una sociedad de paz duradera y de que esta debe generarse desde las bases, con la suma de las voluntades de todas las personas. […] Los jóvenes de Soka Gakkai decidimos empezar por nosotros mismos, siguiendo el legado que nuestra comunidad y sus tres presidentes fundadores nos han dejado». La declaración concluye con el juramento de «hacer realidad la promesa inscrita en el Cenotafio de la Paz, monumento que recuerda a las víctimas en Hiroshima: “Jamás volveremos a cometer el mismo error”».

Tras una emotiva interpretación por los coros So de Pau y Voces de Paz de «Jóvenes, escalad la montaña del siglo XXI», basada en un poema de Daisaku Ikeda, los participantes se desplazaron al Jardín de la Paz. Allí, Juan José Tamayo e Invención Fernández realizaron una ofrenda floral ante el monumento Manos por la Paz, donde se conserva un bloque recogido en las ruinas de la catedral de Urakami, en Nagasaki, y donado por la ciudad japonesa a Rivas en recuerdo de las víctimas y para concienciar sobre el peligro nuclear.
Tras unos minutos de reflexión en silencio, los participantes se despidieron con emoción recogiendo la invitación a ser portadores de la antorcha de la paz.

