
El 22 de enero de 2021, mientras aún arreciaba la pandemia de la COVID-19 en todo el mundo, una noticia positiva encendía una luz de esperanza: ese día entró en vigor el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), el primer acuerdo internacional que prohíbe de manera integral estas armas y reconoce el daño causado a las personas y los territorios afectados.
Cinco años después, el TPAN no solo ha contribuido a deslegitimar las armas nucleares, a exigir justicia para las víctimas y a reducir la financiación de su producción, sino también a fortalecer un movimiento global que reclama su eliminación definitiva. Muestra de ello es el hecho de que hoy la cifra de Estados que lo han ratificado se ha prácticamente duplicado, llegando a los noventa y nueve países, entre los cuales, sin embargo, aún no se encuentra España.
La Alianza por el Desarme Nuclear, una coalición de más de sesenta entidades de la sociedad civil española, de cuyo grupo motor forma parte la SGEs, viene trabajando desde su lanzamiento en 2023 para que España esté entre los países firmantes, a través de acciones de distinto tipo.
Esta labor se demuestra más necesaria que nunca: el «Reloj del Apocalipsis», una herramienta simbólica ideada en 1947 por el Boletín de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago para informar al público general del nivel de riesgo de un desastre nuclear, marca tan solo 89 segundos para la medianoche, indicando que el estallido de una guerra nuclear podría estar ahora más cerca de lo que ha estado nunca en los setenta y nueve años de historia de esta herramienta.
A pesar de ello, gracias a los progresos impulsados por el TPAN, se constata que avanzar hacia un mundo libre de armas nucleares no solo es necesario, sino también posible.
